Domingo 18 de junio del 2006 El Alquimista

Anotaciones de un diario inexistente

Un ritual en Valencia
Las fiestas de Valencia (España) tienen un curioso ritual, cuyo origen está en el antiguo gremio de los carpinteros.

A lo largo del año, artesanos y artistas construyen gigantescas esculturas de madera. En la semana de la fiesta, llevan estas esculturas al centro de la plaza principal: la gente pasa, comenta, se maravilla y conmueve frente a tanta creatividad.

Entonces, en el día de San José, todas estas obras de arte, salvo una, arden en una gigantesca hoguera, ante los ojos de miles de curiosos.

“¿Para qué tanto trabajo en balde?”, preguntó una inglesa a mi lado, mientras las inmensas llamaradas se elevaban hacia al cielo.

“Usted también dejará de existir un día”, respondió una española. “¿Se imagina que, en ese momento, un ángel preguntase a Dios para qué tanto trabajo en balde?”.

Vergüenza de ser bueno
A veces nos da vergüenza hacer el bien. Nuestro sentimiento de culpa siempre intenta convencernos de que, cuando actuamos con generosidad, en realidad queremos impresionar a los demás, “sobornar a Dios”, etcétera. A buena parte de la humanidad le cuesta aceptar que nuestra naturaleza es esencialmente buena.

Todos conocemos personas que intentan ocultar sus gestos buenos con ironía y distanciamiento, como si el amor fuese sinónimo de flaqueza. Un famoso escritor caminaba con un amigo, cuando un chaval cruzó la calle sin darse cuenta del camión que venía a gran velocidad. El escritor, en una fracción de segundo, se jugó la vida tirándose delante del vehículo y salvándole la vida.

Pero antes de que nadie lo pudiese elogiar por el heroico acto, le soltó un tortazo al niño:

“No te dejes engañar por las apariencias, hijo mío”, le dijo. “¡Solo te he salvado para que no te libres de los problemas que tendrás de adulto!”.

El borracho en la mesa de al lado
Después de una intensa mañana en Fort Lauderdale, dando charlas para niños, voy a almorzar con una amiga abogada. En el restaurante, nos sentamos a una mesa al lado de un borracho, que insiste en meterse en la conversación todo el rato.

En un momento dado, mi amiga le pide al borracho que se calle. Pero él insiste:

-¿Por qué? He hablado del amor como un hombre sobrio no lo hará nunca. He demostrado alegría, he intentado comunicarme con extraños. ¿Qué hay de malo en ello?

-No es el momento adecuado –responde ella.

-¿Quiere decir que hay una hora correcta para demostrar felicidad?
Después de la frase, invitamos al borracho a nuestra mesa.

Un texto de Santa Teresa de Ávila
“Recordad: el Señor nos convidó a todos y, como Él es la verdad pura, no podemos dudar de este convite. Él dijo: Venid a Mí todos aquellos que estáis sedientos, que yo os daré de beber.’

“Si el convite no fuese para cada uno de nosotros, el Señor habría dicho: Venid a mí todos los que quisiereis, pues no tenéis nada que perder. Pero solo daré de beber a aquellos que estén preparados”.

“Él no impuso ninguna condición. Basta caminar y querer, y todos recibirán el Agua Viva de su amor”.

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