Domingo 11 de junio del 2006 Cartas al Director

Sin calidad hospitalaria

Con mucha tristeza leemos en los diarios las muertes de niños a escasos días de nacidos, y de mujeres cuando traen al mundo a sus hijos.

Sin dejar de reconocer el pobre presupuesto para salud que cuenta nuestro país, mientras aquí no exista una política que trascienda a los gobernantes, no se planifique para 15 o 20 años, ni se seleccionen recursos humanos en función de capacidad y competencia, y no como parte de beneficio a amigos y seguidores, tendremos unidades de salud que no satisfagan de servicio a sus usuarios, porque se inician programas en cada gobierno y no se evalúan resultados para beneficio del país. Ejemplo: 1994, en Quito se inició el Proceso de Acreditación de Hospitales en Ecuador, se hicieron varias reuniones y no se implementó; ese año se capacitó a directivos de hospitales en un curso sobre Gerencia de Calidad Total en Hospitales Piloto; 1996, se publicó el Manual de Mejoramiento de la Calidad en los Servicios de Salud, y se han hecho dos diplomados en Administración Gerencial de Salud a través de Modersa (Modernización de la Salud); 1996, siendo el Dr. Alfredo Palacio ministro de Salud, inició la formación de profesionales en Gestión de los Servicios de Salud con apoyo de la Espol, a partir de entonces otras universidades han tomado la posta formando profesionales en administración de salud, pero se insiste en la elección a libre albedrío sin llenar un perfil.

Presidente, promulgue una ley que garantice la idoneidad de un proceso para la selección, desempeño y evaluación de los recursos humanos que aspiren a ocupar cargos directivos dentro del Ministerio de Salud, a fin de garantizar la excelencia en la prestación de estos servicios.

Dra. Jenny De Mori Rodas
Guayaquil

En el hospital Napoleón Dávila de Chone, Manabí, los recién nacidos se mueren antes de vivir, o sea que la muerte tiene permiso oficial.

Si no es por falta de presupuesto, medicinas, o por desnutrición, es por negligencia. Y conste que tenemos de Presidente a un médico. Entonces, ¿por qué a los diputados se les otorga un mes de vacaciones pagadas y facilidades para viajar en primera clase al Mundial de Alemania, mientras que no hay recursos para haber trasladado a alguno de los recién nacidos a otra casa no contaminada? ¿Por qué el Ministerio de Salud esperó a que mueran 19 niños para recién actuar pese a que la alerta se dio en febrero? ¿Fue negligencia, omisión? ¿Quiénes son los culpables de esta infamia?

En Chone no hubo dinero para mejorar las instalaciones de los ductos de aire que ventilan las salas de neonatología y centro obstétrico, el agua está contaminada con heces de murciélago, pero sí hay dinero para mantener un Congreso ineficiente. Parece que entre las materias que se cursan en medicina y a las que asistieron nuestras autoridades de salud no figura ninguna llamada solidaridad o sentido común. Muchísimos buenos médicos –doy fe– no necesitan aprenderlas: las traen incorporadas; consideran que aliviar el dolor es más que parte de su trabajo. Como dice el diputado: “no rindo cuentas a nadie”, tienen razón, en nuestro país nadie lo hace, mucho menos por los niños pobres.

Dr. Pablo Izquierdo Pinos
Quito

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