- JUN. 09, 2006 - Foto - Cartas al Director - EL UNIVERSO
El 28 de mayo en EL UNIVERSO observamos el titular: ‘Delincuencia en Guayaquil tiene 143 tumbas más’, que hace referencia a la pesadilla de los habitantes de nuestra ciudad que nos hace vivir en un ambiente de total desconfianza.
Son 143 los muertos en manos de delincuentes, en los primeros casi cinco meses del año. ¿Hasta cuándo vamos a soportarlo? ¿Qué pasa con los representantes de los derechos humanos que hasta el momento no han hecho oír su propia protesta? ¿Se dejarán oír cuando el fallecido sea un delincuente? Cuando ocurrió el caso del Dr. Pedro Alvear Ycaza que fue cobardemente asesinado, o del niño de 13 años, Michael León, quien murió en un tiroteo en un bus, o el más reciente y dolorosísimo asesinato de la niñita Nathalia Fabara Núñez, pensé que esta institución se iba a hacer presente, pues no fue así.
¿Y qué pasa con los legisladores que siguen pensando en cualquier cosa, hasta en el Mundial, menos en proponer un endurecimiento de penas y de alguna manera contribuir al gran paquete de medidas para contener este embate criminal? No nos hagamos los de la vista gorda y sigamos diciendo que el mal está en la falta de trabajo, de educación, etcétera. ¡Esto es falso y muy cómodo! Sabemos que la delincuencia que nos está acosando no roba para dar de comer a su familia.
¡Apoyemos todos los movimientos que organizan el Municipio, la Policía, las cámaras, las dirigencias barriales y otras entidades en pro de combatir este gran mal!
Xavier Vallejo Iturralde
Guayaquil
El problema delincuencial que se debate en medios escritos y televisivos del país tengo la impresión que no se ha profundizado suficiente sobre las condiciones físicas que deben tener los policías para enfrentar a los delincuentes.
Su ingreso debe estar sujeto a un riguroso examen físico y psicológico que los capacite para asumir situaciones riesgosas, en las cuales entran en juego no solo las armas y demás adminículos de los que puedan ser dotados, sino las habilidades corporales y mentales que solo las proporciona un buen estado atlético.
No conozco los reglamentos de la Policía Nacional para aceptar en sus filas personal de tropa, pero he visto que muchos de sus elementos son muy bajos de estatura o tienen dificultad para correr o desplazarse con agilidad. Esto explicaría el gran número de policías asesinados por delincuentes, debido a su falta de sagacidad para reaccionar ante el ataque. Por su seguridad, la Policía debe corregir este aspecto importante.
Lcdo. Manuel Ojeda Fuentes
Guayaquil
La delincuencia que atormenta día a día a todo el país es muy preocupante porque cada vez se hace más fuerte.
Ya han venido en nuestro auxilio policías extranjeros, por lo tanto, ¿qué puede costar copiar ciertas leyes y penas que aplican en países árabes, donde ni siquiera cierran sus locales comerciales durante las 24 horas del día lo que demuestra el temor que la gente tiene de delinquir, porque sabe lo que le espera si no obedece sus leyes? Aparte, deben crearse más fuentes de trabajo con mayor remuneración. Si la mayoría de hampones vagan y consumen drogas, debe haber una cantidad de esa gente que lo hace por necesidad.
Ramón Sucre Méndez Paredes
Durán
Desearía que la prensa nos ilumine con estadísticas de delitos y accidentes de tránsito en las principales ciudades del país. Adicionalmente sería apropiado ver cifras sobre dónde, y bajo qué condiciones se realizan estos delitos.
¿Acaso será que nosotros, manteniendo dos honorables fuerzas policiales, una para el delito y otra para el tránsito, somos más eficientes integrados por locales y mantenemos menos accidentes de tránsito y menos delitos?
¿Es verdad que 93% de los integrantes de la Policía Nacional son de la Sierra? ¿En Quito existen secuestros express? ¿La capital mantiene un servicio eficiente de 911? ¿Cuántos permisos para portar armas se emiten en Quito? ¿Se denuncian los delitos? ¿Se permiten las películas antisolares en los vehículos? ¿Cuántos policías patrullan las calles quiteñas?
Lo que desprenderemos de esta investigación será: si existen menos delitos en Quito, si es una sola la fuerza policial, si la Policía está compuesta por serranos, si los vehículos usan vidrios con películas antisolares, si se mantiene el 911, y si los delitos en Quito, por números de habitantes, es menor que en Guayaquil. Mis comentarios no son regionalistas sino realistas, por lo que sugiero que no traigamos expertos chilenos, ni israelitas, por el contrario, pidamos a las autoridades de la Sierra su asesoría.
Ruy Aguilar Marzo
Guayaquil
Como guayaquileño me sumo a la causa contra la delincuencia en Guayaquil y espero que jueces, políticos y demás entes gobiernistas entiendan que tienen gran parte de culpa, por la inseguridad que se vive, ¡y que ya hagan lo que deben hacer!
Walter Reinberg
Philadelphia, EE.UU.
Quien se acaba de iniciar como Subsecretario de Seguridad del Ecuador deberá estar empapado de los problemas sociales que enfrenta el país. Quien vive en Ecuador, al menos ha oído –si no ha sufrido en carne propia– de los secuestros, asaltos a mano armada, robos diarios a personas que salen de un banco con un par de dólares en sus bolsillos. Solo hay que leerlo en los periódicos, esa es la comidilla diaria en todo el país, no solo en Guayaquil.
Decir que no ha estado en Guayaquil y por ende no conoce los problemas a fondo, es cerrar los ojos a la triste realidad delictiva que padece el primer puerto económico del Ecuador, que como tal merece atención para remediar este “cáncer” social.
Nelly Losada
Alemania
Hoy estamos más expuestos a ser atacados sin piedad alguna por la delincuencia.
La fragilidad de nuestras leyes protege los derechos humanos de los delincuentes, ¿y los derechos humanos de las víctimas dónde quedan? Las autoridades judiciales deben cumplir las leyes aplicándolas sin excusar al delincuente común ni al malhechor reincidente, si no ser flexibles descartando presiones que oscurecen y retardan los procesos. No esperen denuncias de las víctimas; el temor a la represalia no permite denunciar a nadie.
¿Por qué hacer conocer públicamente los planes implementados para combatir la delincuencia, si ellos –los delincuentes– están mejor equipados que nuestra fuerza pública?, simplemente actúen hasta liberarnos de esta plaga. Cuántas áreas desocupadas hay donde podrían construirse talleres de trabajo que rehabiliten realmente a los delincuentes, o nuevos centros de rehabilitación donde el antisocial reciba una premilitar que lo forme como ciudadano útil a la sociedad y a su familia. Esperamos acciones ejemplarizadoras que sacudan la conciencia de estos individuos antes de cometer un nuevo delito.
Fátima Fernández Vargas
Guayaquil