Miércoles 07 de junio del 2006 La caja

Tendencias o la fragilidad de unas encuestas

Cada mañana, ‘Contacto Directo’ consulta cuestiones de este tipo: “¿Está de acuerdo con la conformación de brigadas barriales en su sector?” En los noticiarios de la comunidad de ‘24 Horas’ pasa otro tanto. En Ecuavisa se revelan cifras instantáneamente y al siguiente día se ofrecen los resultados generales. En Teleamazonas, los resultados son siempre con un día de distancia. Estamos ante una estrategia muy importante de los noticiarios, para conseguir la participación de la audiencia.

Hasta ahí todo bien. El pero es que estos mecanismos son bastante frágiles, manipulables y finalmente inexactos. Para comenzar se debería mostrar en qué método estadístico se basan los resultados y no presentar tendencias absolutas sin ningún tipo de fundamento de su representatividad de la realidad.

La pregunta clave es, ¿cuántos televidentes deben llamar para que una muestra sea representativa? El número, por supuesto, debiera estar acorde con los niveles de audiencia. Sin embargo, como no se revelan las cifras de los ratings, tampoco se puede conocer sobre la dimensión y representatividad de las encuestas que ahora son vía SMS y teléfono.

Doble secretismo, porque de las encuestas solo sabemos que el “34% votó por el sí y el 66% por el no” (es un ejemplo). Con las modificaciones que introdujo ‘Contacto Directo’ de Ecuavisa hace poco, ahora también conocemos algunas opiniones de quienes votaron. ¿Cómo se eligen esas opiniones para difundirlas? Otra incógnita.

Cualquier profesional de la estadística, sabe, además, que este tipo de encuestas telefónicas son fácilmente manipulables. Por ejemplo, si se interroga sobre la idoneidad de un funcionario, basta con que este ponga a llamar a todos sus colaboradores para que se distorsionen los resultados finales. O a la inversa, que sus detractores pongan a llamar a todos sus allegados, para virar la tortilla.

El requisito para dar por válido cualquier mecanismo que utiliza la estadística es que su aplicación sea al azar y (en un país como el Ecuador) que no sea por vía telefónica. Nada de eso se cumple en las pantallas.

El agua en este punto se vuelve lodo: ¿Cómo se formulan las preguntas? ¿Acaso hay el asesoramiento de profesionales que cuidan de la neutralidad de las consultas? ¿O por lo contrario se observan ambigüedades, confusiones y/o sesgos hacia uno u otro lado?

A veces se suele advertir que estas encuestas no tienen valor estadístico sino que solo reflejan el interés de la audiencia de un noticiario. La advertencia no es norma y tampoco soluciona nada: las encuestas televisivas permanecen como un elemento clave de los menús noticiosos. En Ecuavisa, ahora se tiene una evolución al minuto de las encuestas. Lo cual agrava  el problema: ¿Cómo no saber que dos llamadas dan el 75% y una el 25% y que estas cifras están influyendo en las percepciones de los televidentes?

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