La presentación en Guayaquil del plan de seguridad del breve subsecretario del ramo, Lautaro Ojeda, motivó las burlas y críticas de los reporteros de la mayoría de canales de TV que hicieron la cobertura. Carlos Vera arreció con sus críticas durante la semana y finalmente calificó de “llorón” y “diletante” al catedrático metido a funcionario. Ojeda señaló en Teleamazonas que su salida fue por el poder de los medios, “son el tercer, no el cuarto poder”, dijo.
“El subsecretario de Seguridad, Lautaro Ojeda, admitió que ‘no conozco Guayaquil. No me es extraño, pero no puedo decir que conozco realmente el tema en profundidad’ se leyó en el Diario EL UNIVERSO del 17 de mayo. Luego de unos días volvió a decir en Radio City: “No conozco a profundidad el tema de la seguridad en Guayaquil”.
Fue el detonante para una lluvia de críticas. Aunque su posesión ya tuvo serios tropiezos.
Ese mismo día, Ojeda había señalado que probablemente era necesario el cobro de una tasa de seguridad para financiar las operaciones de la Subsecretaría que asumía. Con ello ya provocó el rechazo de la Corporación de Seguridad Ciudadana de Guayaquil y las autoridades seccionales, quienes han indicado que le corresponde al Gobierno financiar cualquier esfuerzo de seguridad.
El “teléfono dañado” se llama a ese juego en el cual se cuenta un secreto a una persona, ella transfiere la información a un tercero y así sucesivamente, solo para comprobar que lo dicho inicialmente no tiene nada que ver con lo que llega al final de la cadena. En este caso, ese “no conozco a profundidad el tema de la seguridad en Guayaquil” se transformó por obra y gracia de las interpretaciones periodísticas en un gravísimo “no conoce Guayaquil ni su problema de inseguridad” que se divulgó por todos los medios de información televisivos, radiales e impresos.
Olvidemos a los implicados en el caso. Veamos el asunto en términos fríos y generales. Estamos ante dos claros mecanismos de manipulación informativa. En el primero se transmuta la realidad, el desconocimiento de una problemática a profundidad, con el desconocimiento de una ciudad y su violencia urbana, en términos generales. El primer mecanismo es eliminar cualquier matiz para dejar lo que se quiere escuchar aun a costa de lo que es cierto. Solía decir un amigo: “No hay peor sordo que el que no quiere oír”.
El segundo consiste en descontextualizar los discursos de los propios periodistas. Si se hace el seguimiento de lo sucedido durante los quince días de Ojeda ante la Subsecretaría de Seguridad, se tiene una serie de aseveraciones francamente desafortunadas y “políticamente incorrectas”, con sus posteriores aclaraciones. Sin embargo, al analizar los hechos, su única acción real fue la elaboración y presentación de un plan se seguridad que hacía énfasis en los aspectos formativos y culturales… Probablemente no era lo que esperaban y necesitaban con urgencia los guayaquileños, conmocionados por la muerte de la pequeña Natalia Fabara Núñez.
Más allá, el plan de ninguna forma era deleznable y menos podía ser objeto de descalificaciones a priori, las cuales comenzaron por los propios reporteros asignados a la cobertura. Eso sucedió tanto en Ecuavisa como en Teleamazonas, en otra demostración de mezcla entre información y opinión: el plan se limitará a una estrategia de educación vial y ciudadana. El subsecretario Ojeda dijo que su principal estrategia es fomentar una cultura de paz. Luego, fragmentos de las declaraciones: “Vivimos en una cultura de bronca, lo vemos por todos lados, en todo nivel, en el Congreso, en los políticos…”.
Y se resaltaron los aspectos más periféricos y ridiculizables: “Este plan será reforzado con educación vial y que se aplicará en todo el país. Se establecerá una norma de uso de luces en carreteras. La Subsecretaría tiene un nivel nacional, no es ni local, ni regional”.
¿Cómo es esto? parecía que se preguntaban los reporteros, ¿un plan de seguridad donde no nos muestren armas y patrulleros y donde no se hable de más policías en las calles o de que las Fuerzas Armadas impongan el orden?
Con la información de base sesgada y transfigurada, los opinadores se dieron a la tarea de demolición con calificativos que llegaron a “ignorante”, “diletante”, “llorón”, etcétera.
Carlos Vera a la cabeza, mientras reivindicaba su papel de “perro guardián”.
En un reciente encuentro académico en la Escuela de Periodismo Diego Portales, de Chile, Eduardo Sepúlveda, editor general de la revista Qué Pasa, decía que hay que distinguir tres tipos de “perros guardianes”: los perros de presa, aquellos que muerden; los perros falderos, que regalonean y se dejan regalonear por el poder; y los perros flojos, a los que también llama perros de chalé.
En el escenario descrito, hubo perros de todo tipo… Y una actitud: alineamiento con un discurso y una óptica de seguridad que se fundamenta en lo represivo y que manejan algunos grupos de poder, locales y nacionales.
Al siguiente día, ante el fracaso de la presentación de Ojeda, el ministro de Gobierno, Felipe Vega, optó por dar lo que querían algunos reporteros, opinadores y medios de comunicación: un “show” de armas, chalecos antiarmas y policía. Nada nuevo bajo el sol, como señaló con certeza EL UNIVERSO, pero apropiado para el “show de noticias”. La imagen del día fue la del Ministro manipulando una carabina Ruger, mientras anunciaba que Ojeda estaba fuera del Plan de Seguridad.
Más armas… Ahora sí, las cosas volvieron a su cauce.