Solo a las 15h30 un reducido grupo de entusiastas que había logrado escapar al estricto cerco policial que rodeó la Plaza Grande desde las 08h00 logró ver, sentir y hasta bailar con el presidente venezolano Hugo Chávez.
Eran los sobrevivientes de siete horas de espera bajo un intenso sol quiteño que poco a poco fue disminuyendo la furia de sus gritos: “Chávez sí, Yankees no” y “Alerta, alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina”, pero que no apagó su ilusión de ver al ídolo bolivariano.
A las 14h00 parecía que la paciencia había claudicado. Ya no se veía por allí a las dirigentes indígenas Lourdes Tibán y Blanca Chancoso, quienes habían llegado incluso antes que los policías. “Todavía no lo veo”, suspiró Tibán, quien dijo que Chávez es el líder de “todos los pueblos esperanzados en cambiar”.
Las líderes “Manuelistas” de la Asociación Nela Martínez, que habían logrado pasar a través de un pasaje comercial subterráneo, atribuyeron la presencia policial (300 efectivos) a que “no quieren ver el respaldo que tiene Chávez”. Tampoco los funcionarios de la Embajada de Venezuela en Ecuador disimularon su descontento por la aguada bienvenida que recibió Chávez a su llegada a Carondelet. “Hubiera sido muy lindo que lo recibiera un acto cívico como en ocasiones anteriores”, señaló Consuelo Aguirre.
Cuando se le preguntó por qué el mandatario no salía al balcón a hablar con la gente que estaba en la plaza, la funcionaria respondió “tal vez lo vio vacío”.
Entre el público que esperó a Chávez hasta el final, estaban beneficiarios de la Misión Milagro, un programa de salud del gobierno venezolano con el que se ha favorecido a 1.016 ecuatorianos. “De la Embajada venezolana nos llamaron por teléfono y nos dijeron que saliéramos a recibir al presidente”, explicó Cecilia Pico, quien desistió de darle las gracias en persona por el hambre y el calor.
En cambio, Manuel Calazacón, gobernador vitalicio del pueblo Tsáchila del Ecuador, quien viajó hace tres meses a Caracas en la primera de estas misiones, esperó pacientemente porque “así como él me recibió bien en su patria y hasta me dio un vehículo a mis órdenes custodiado por un sargento, quiero que sea bien recibido en mi país”, señaló el líder indígena, quien dijo que nunca ha logrado que un presidente le dé una audiencia en su propio país.