Más allá del debate sobre el best seller El Código Da Vinci (cuya versión cinematográfica ha recibido pésimas críticas de la prensa especializada el día de su estreno), lo que sí es definitivamente grave es la impunidad de los cines que transgreden la ordenanza que norma los espectáculos públicos.
Al respecto, una ordenanza municipal, que quizás poca gente conoce, en su artículo 34 establece como restricción: “En las funciones cinematográficas de vermouth, solo podrán programarse y exhibirse espectáculos aptos para todo público. Se prohíbe terminantemente exhibir en dichas funciones avances de películas restringidas”.
Concreto: el fin de semana del estreno de dicho filme en Guayaquil se lo exhibió con restricción para menores de 16 años en horario de vermú y en dos salas que, por supuesto, se llenaron.
Al preguntar sobre ese particular a los empleados del cine, la contestación fue “...se lo hizo para que (la película) pueda verla más gente”, y que además contaban con permisos municipales. No sé si otros ciudadanos hayan advertido en el pasado el incumplimiento de la norma aludida; en lo personal, he sido testigo que no es la primera vez. A la Dirección de Justicia y Vigilancia le corresponde actuar conforme a sus facultades.
Ab. Francisco X. Falquez Cobo
Guayaquil