Viernes 26 de mayo del 2006 La caja

Entre los profetas y los agoreros

“¿Qué tan acertados son sus analistas predilectos?” se titula un artículo de Philip E. Tetlock publicado por algunos medios impresos del mundo, como La Vanguardia de Barcelona y El Nuevo Día de Nicaragua. El texto completo se lo puede encontrar en esta dirección www.elnuevodiario.com.ni/2006/05/17/opinion/19233

Tetlock, profesor de Administración de Empresas, Ciencia Política y Psicología en la Universidad de California en Berkeley, describe el proyecto de su libro Expert Political Judgment: How Good Is It? How Can We Know? que conduce a responder una pregunta clave: ¿Qué tanta credibilidad deberíamos dar a la opinión de los expertos?

Dice el autor que “los escépticos advierten que los medios de comunicación imponen las opiniones que llegan a nuestros oídos y que tienen menor interés en el debate razonado que en alimentar los prejuicios populares. Como consecuencia, la fama podría estar correlacionada negativamente y no positivamente con la exactitud de largo plazo. Hasta hace poco, nadie sabía quién tenía la razón, porque nadie mantenía un registro. Pero los resultados de un proyecto de investigación de 20 años ahora sugieren que los escépticos están más cerca de la verdad.

El proyecto del académico fue solicitar miles de predicciones a cientos de expertos sobre el futuro de docenas de países y después calificar la precisión de las predicciones. La conclusión es abrumadora: “Lo que encontramos es que no solo los medios de comunicación no logran eliminar las malas ideas, sino que frecuentemente las favorecen, en particular cuando la verdad es demasiado sucia como para presentarla en un paquete agradable. Las evidencias se clasifican en dos categorías. Primero, tal como los escépticos lo advirtieron, cuando las multitudes de expertos forcejean en busca de los reflectores, muchos tienden a asegurar que saben más de lo que en realidad saben. Los analistas que predicen maravillas y los agoreros de las tragedias son los que más exageran sus conocimientos”.

Y añade: “Segundo, como lo advirtieron otra vez los escépticos, los que hablan de más, rara vez pagan el precio de equivocarse. En efecto, los medios de comunicación colman de atención a los exagerados mientras olvidan a sus colegas modestos”.

El artículo de Tetlock no podía haber sido publicado en un momento más preciso. Para ejemplificar sus tesis, basta ver lo que sucede cada mañana en nuestras pantallas, desde hace dos semanas.

La caducidad del contrato con la Oxy y la suspensión de las negociaciones con EE.UU. para un TLC ha provocado una avalancha de “analistas” y “expertos” que justamente caben entre los “que predicen maravillas” y los “agoreros de las tragedias”. Gran parte del tiempo televisivo de las mañanas se reduce a un debate absurdo entre estos dos grupos. Y la verdad es que casi nadie parece acercarse a la realidad.

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