Renunciar a sus diputaciones del Congreso es una lección de ética y moral que deben observar todos quienes están ocupando dignidades de elección popular y que una vez proclamadas sus candidaturas, continúan en esos cargos.
Claro, diputados continúan en sus puestos aprovechando el poder que tienen, en su propio beneficio, así como utilizando y distrayendo recursos económicos, humanos, y materiales destinados al servicio público; con lo que están contrariando las disposiciones contenidas en la Ley de Elecciones y del Control del Gasto y Propaganda Electoral, que en su Art. 21, inciso cuarto, les prohíbe aquello. Pero más allá de las disposiciones legales, está la moral en los actos. Debemos tomar en cuenta sus conductas abusivas al momento de sufragar.
Gustavo Chiriboga Castro
Guayaquil
¿Adónde nos quieren conducir los políticos? ¿A desdeñar y rechazar la norma democrática de la elección de representación popular?
Los dueños de los partidos (patriarcas, familias o grupos sectarios) aplauden y abusan del procedimiento que les favorece el ego, la influencia y el reparto. El abominable sistema de elección por listas se apresta a un nuevo juego. Por eso, ya aparecen frívolos (de bajo cociente intelectual y altas dotes corporales o histriónicas, o con dinero y deshonestidad) dispuestos a mostrarnos sus propagandas de promoción haciendo gala de chabacanería e ignorancia.
Todos los políticos desoyen y desoirán a la opinión pública, no entienden que ella tiene fuerza. Seguirán en el baile hasta que una nueva rebelión nacional de forajidos los castigue. Recuerden necios que la historia ha demostrado que cuando el pueblo ejerce el poder, es más cruel que el peor de los tiranos. ¿Qué hacer? Elegir representantes uno por distrito. Sin suplentes.
El pueblo y la democracia necesita que sus representantes y elegidos sean responsables. Aunque la verdad de los hechos resplandezca, y como la reforma al sistema de elección está en los diputaditos que defienden su queso fácil, siempre se batirán en la trinchera sutil de las interpretaciones de minorías y otras leguleyadas. Para los políticos valientes es la gran oportunidad de cambiar el Estado y la democracia hacia la superación.
José Roberto Álvarez Alvarado
Guayaquil