Miércoles 17 de mayo del 2006 La caja

Concursos para que las ilusiones se estrellen

Carlos Sorín es uno de los directores argentinos de cine con estética más singular y simple. Historias mínimas, uno de sus más recientes filmes, presenta tres relatos en la desolación de la Patagonia argentina.

Una de esas historias es la de María Flores, una mujer joven que vive de prestado, con una bebita y un esposo que hace trabajos por aquí y por allá. Una mañana, una amiga le cuenta que ganó un premio en un concurso de televisión y que tiene que ir a retirarlo. Juntas van a llamar por teléfono y ahí se enteran de que en realidad es finalista y que debe viajar para optar por el premio principal, un pequeño electrodoméstico. No va sola, lleva en brazos a su niña.

En el set televisivo se muestran los rostros de mujeres resignadas o ansiosas para demostrar que pueden ganar el primer premio. El instante en que María mira de frente a la cámara de TV es conmovedor: la ilusión y el miedo brillan en sus ojos con una fuerza tremenda.

El domingo me acordaba de María Flores y de cómo sus ilusiones se estrellaban ante el desgano y el desinterés de productores y animadores. Fue a propósito de ‘Domingo legal’, el nuevo programa de Ecuavisa, donde el plató estaba lleno de mujeres que bien podían ser María.

Y allí, también, las ilusiones se estrellaron ante el apuro y el desinterés de los animadores. O para ser más exactos, de la animadora, María Teresa Guerrero. Christian Norris presentó a una señora a quien se le practicó en pleno set un cambio de imagen. Él la felicita y pasa la pregunta: ¿Qué te parece María Teresa? La aludida, como todo comentario suelta un: “No tengo palabras”, y cambia bruscamente de tercio. La señora no pudo mostrar lo bonita que estaba. Su ilusión se estrelló ante el apuro sin tacto.

Luego fue el turno de una señora que necesitaba $ 1.000  para salir de deudas. El juego consistió en colocar las fichas de dominó en espiral para luego hacer que se derrumben una tras otra. Guerrero da ánimos, pero no ayuda con alguna indicación a la nerviosa concursante. Cuando faltan diez segundos se inicia el derrumbe de fichas, pero se interrumpe en el primer círculo... Ha perdido. La señora está al borde de las lágrimas y los animadores no le ofrecen ninguna salida. Debe llegar la cantante invitada, Lila Flores, para entregarle aquellos $ 1.000...

En este tipo de concursos, lo esencial debiera ser el respeto a la gente y  sus ilusiones. No se puede jugar con eso, tampoco caben presentadores que no muestran algo de genuino interés por la gente sencilla con la que deben trabajar. Y si no es así, alguien debería  recordarles que ellos no son estrellas concediendo gracias. Que sin la gente estos programas y ellos mismos no son nada.

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