Sábado 13 de mayo del 2006 Migración

Madre inmigrante espera a la última de sus 8 hijos

BARCELONA, España | Jaime Cevallos, para EL UNIVERSO

Una latacungueña ha vivido en Ambato,  Guayaquil, Durán y Barcelona, donde ansía reunir a toda su familia. 

La vida ha sido dura para Norma Chicaiza. Siempre ha debido enfrentar adversidades en el camino. Nació en Latacunga hace 50 años, vivió en Ambato y el destino la llevó hasta Guayaquil, donde tuvo a sus ocho hijos: Asunción, Geoconda, Verónica, Ángel, Javier, Laydi, María Fernanda y Luis.

Su situación siempre fue dura. En 1996 decidió emigrar a Venezuela, sin embargo, ese año falleció su esposo de una enfermedad hepática.

Sin él, la vida le marcó un cambio. Norma se convirtió en una de las vendedoras de flores más conocidas del Cementerio General de Guayaquil. Ahí, ya entrada la tarde emprendía el regreso a su casa, en la orilla del río, en el barrio 18 de Abril de Durán. “Un día la casa se nos vino abajo y se la llevó el río”, dice mientras deja escapar una lágrima.

Entonces optó por rehacer los planes de emigrar. “Una comadre me prestó dinero para un pasaje y vine a España hace siete años”, explica.

“Aquí las cosas no fueron ni son fáciles. Apenas llegué me contrataron para trabajar en una casa cuidando  niños”, pero luego, añade,  prescindieron de sus servicios porque no sabe nadar ni jugar  baloncesto. “Los niños siempre estaban en la piscina y, claro, si les sucedía algo yo no podía hacer mayor cosa”.

Tras su primera frustración laboral, vino una época matizada por el desempleo. “Puse un anunció en el periódico Segunda Mano. Por suerte, me llamaron desde Alella (cerca de Barcelona) para cuidar a dos ancianos” por tres años”.

“Estaba prácticamente encerrada. Solo disponía de unas horas libres el fin de semana”. Sin embargo, en esa época vino a España su hija Asunción, ahora de 32 años y residente en Italia.

“También pude traer a Verónica (28 años), María Fernanda (19) y Luis (17). Los otros, con excepción de Laydi, ya tienen su vida hecha”.

Dice que no trajo a Laydi porque  quería concluir el bachillerato. “Ha sido una gran alumna y fue  abanderada en el Campos Coello”.

 Norma trabaja en la limpieza de una fábrica, estudia Geriatría a distancia, vende productos de belleza por catálogos. Afirma que trata de estar ocupada y pese a sus siete años en España, piensa en su país. “Quizá si viniese Laydi, las cosas cambiarían”.

Laydi es su obsesión. Cuando la nombra no deja de llorar. Sabe que ha hecho de todo por buscar el bienestar de sus hijos, aunque reconoce que le falta ayudar a Laydi a entrar en una universidad española. “Hasta que no haga eso, no podré estar tranquila”.

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