Los fines de semana se reparte dinero a diestra y siniestra. No está nada mal, aunque no se sí es mejor ser uno de los algo más de tres millones de opcionados a llevarse algunos decenas de miles de dólares de ese gran bingo nacional que es ‘El Pozo Millonario’ o mandar mensajes para acertar con la maleta virtual y ganar 300 dólares en ‘Trato hecho’.
El éxito de los concursos en TV es de sobra conocido. No por nada, ‘Haga negocio conmigo’, del animador y político Polo Baquerizo, acaba de cumplir 30 años en el aire. Hace poco, en ‘El precio de la fama’ se hacía el retrato de otro programa de larga data, ‘Chispazos’.
No es de extrañar, entonces, que cada estación se dedique a buscar su gallina de los huevos de oro en el fin de semana. Aparte de los mencionados ‘El Pozo Millonario’ (de la Junta de Beneficiencia) y ‘Trato Hecho’ (Teleamazonas), TC tiene ‘El Sabatón de Sharon’ y Ecuavisa estrenó ‘Domingo legal’.
Repartir premios que van de unos pocos dólares a los 100.000 de ‘Trato Hecho’ y los (potenciales) 500.000 de ‘El Pozo Millonario’, por ahí radica la oferta de gran parte de la programación televisiva del fin de semana. A los programas de concurso propiamente dichos, se suman otros espacios como los deportivos y sus infaltables “mensajea”.
“Entretenimiento familiar” es lo que dice vender cada uno de estos espacios. Aunque detrás de la diversión está una concepción populista de la televisión que trata de ganar audiencia regalando dinero, viajes, electrodomésticos o “multiproductos”.
Cada concurso tiene el tono que da la personalidad de la conductora o conductor principal. En ‘El Pozo Millonario’, Francico Cabanilla tiene carisma y dota a la conducción de mucho ritmo, pero últimamente ha sido contagiado por un insoportable tono argentinado, que se resume en su frase insignia: “Párame un cachito”.
Roberto Angelelli en ‘Trato hecho’ es un conductor que sabe actuar de “cómplice” del jugador principal e interactúa bien con el público. El punto flaco es que Angelelli no maneja bien un mecanismo de juego no muy transparente con preguntas no escogidas por los jugadores y tiempos de reacción que finalmente se convierten en decisivos, pero no se muestran en pantalla.
En su ‘El Sabatón’, Sharon da muestras de no ser una animadora. Simplemente es una estrella algo distante, con ganas de recibir aplausos. Los vivas, por supuesto, provienen de un público con el cual no demuestra alguna empatía. En su estructura, ‘El Sabatón’ no es más que un ‘A todo dar’ sabatino.
‘Domingo legal’ aún está demasiado fresco. Cristian Norris y María Teresa Guerrero son los animadores. En el estreno, les costó sostener el ritmo y la química. Pero ya habrá oportunidad de una evaluación con más elementos.