Carlos Granda y Segundo Chacha, se entregaron para impedir que sepulten a amigos en fosa común.
Luego de tres horas en el aeropuerto Simón Bolívar de Guayaquil el sábado y otras seis de viaje hasta Pucallpa, Carlos Granda y su tío Segundo Chacha se reencontraron con sus familias, al retornar de un viaje con el que buscaban ingresar ilegalmente a los Estados Unidos.
Ambos sobrevivieron a un accidente de tránsito en Tuxtla, México, el pasado 27 de abril, mientras viajaban en un tráiler, junto a otros cien ecuatorianos y centroamericanos.
Allí murieron José Gómez, primo político de Granda; y los esposos Carlos Arévalo y Carmen Chuni, además de cinco centroamericanos.
Granda y Chacha, junto a sus respectivas madres, Carmelina Chacha y Dolores Tenesaca viajaron en un auto fletado a la 01h00 de ayer. Al llegar a la casa, de dos plantas, en la comunidad de Pucallpa, la primera en recibirlos fue Marcia Chimbo, esposa de Granda.
Ella, de 18 años, pidió no interrumpir ese momento y despertó a su hija Estefanía, de 10 meses, para que saludara a su padre. La emoción de todos se desbordó en lágrimas, aunque permanecieron en silencio.
Abrazos entre hermanos, tíos y sobrinos, los sobrevivientes se sentaron en el comedor, al pie de un altar con imágenes del Señor de Andacocha, el Señor de Girón, el Divino Niño y la Inmaculada.
Entonces sacaron de sus mochilas periódicos de Guatemala que registraron el suceso. Granda contuvo sus lágrimas y lamentó que su primo y vecinos fallecieran, asegurando que jamás intentará otro viaje a EE.UU., donde residió antes, durante unos cinco años.
Chacha tiene dos hijos y aseguró que viajó a EE.UU. para poder mantener a sus vástagos. Recordó que la primera semana de abril salió de Pucallpa con su sobrino, el primo de él, una ciudadana lojana y otro cuencano, con el propósito de viajar a Guatemala sin contratar coyotes en Ecuador.
“Como ya nos fuimos hace 5 años sabíamos qué hacer, en Guatemala contactamos un pasador de México, a quien le pagaríamos solo si llegábamos al Distrito Federal”, acotó.
En Guatemala “no tuvimos problema con la migración, nadie nos pidió visa; llegamos al hotel, preguntamos por un coyote y nos pusieron en contacto”, recordó Granda.
Luego de permanecer una semana en el hotel y otra viajando en un camión sin alimentos, ni agua llegaron a México donde tras otra semana, un contacto del coyote los llevó hasta el tráiler que se repletó con más de cien emigrantes, el pasado 26 de abril. Viajaron toda la noche, otra vez sin agua y alimentos, hasta que ocurrió el percance.
“Corrimos pero nunca nos separamos (...) nos escondimos al pie de una montaña por un día, pero obligados por el hambre y la sed salimos a Chiapas y vimos que los periódicos decían que las autoridades diplomáticas de Ecuador y México daban 37 horas para que los fallecidos sean reconocidos o serían enterrados en una fosa común, relató Chacha. “Fue entonces cuando decidimos entregarnos”, dijo.