Lunes 08 de mayo del 2006 La caja

En el reino de la crónica roja todos son criminales

El 1 de mayo los inmigrantes de origen latinoamericano en Estados Unidos realizaron una demostración de fuerza cuyo primer objetivo es impedir la aprobación de una dura ley que para todo fin práctico criminalizaría a los “sin papeles”.

Milton Pérez, de Teleamazonas, que estuvo en Nueva York para cubrir esas manifestaciones, contó algunas historias. Fue una buena cobertura. Sin embargo, las amenazas de criminalización no solo están en proyectos de ley. Casa adentro, cada vez que cae un grupo de potenciales emigrantes se los trata como delincuentes.

Eso sucedió el jueves pasado en TC. Ese día la Embajada de los Estados Unidos denunció que un grupo de 17 personas había pretendido obtener sus visas de viaje a ese país haciéndose pasar como integrantes de un conjunto de danza. En el grupo se sospechaba que podían estar los coyotes y a todos se los detuvo para investigaciones.  

‘El Noticiero’ de TC presentó el hecho como un caso de crónica roja. La cámara pasó por cada uno de los rostros. Algunas personas del grupo se ocultaban, otras sonreían. Intentar salir del país no es un crimen, el mentir a una autoridad consular sí es una grave infracción. Presentar a estas personas de la misma forma que se hace con los integrantes de las bandas delincuenciales cuando caen es un despropósito total.  

La otra crónica roja
No solo son los emigrantes. Para un noticiero que todo lo mira bajo la luz de la crónica roja, cualquiera –y en especial si es joven– es sospechoso.

Jonathan Carrera presentó a un grupo de chicos, algunos colegiales, que se tomaban unos tragos en un descampado por el sector de San Carlos, al norte de Quito.

 La nota reiteró en las graves implicaciones del alcoholismo juvenil, mientras se recreaba en las imágenes de los chicos. Curiosamente, a algunos de ellos se les protegió el rostro, pero la mayoría –aun las menores de edad– fueron expuestos a la cámara y al escarnio público sin contemplaciones… Así es: como si fueran aprendices de delincuentes.

Como la nota se prolongaba y la mezcla de moralina con pornomiseria ya resultaba algo aburrida, Carrera comenzó a hablar de las tiendas que expenden licor a los chicos. No mostró ninguna, pero eso no fue un obstáculo para que las tiendas se transformaran en locales clandestinos y luego en cantinas clandestinas. Tampoco mostró algún local de este estilo, los chicos no estaban borrachos y toda la escena se desarrolló en un área verde… Ya se sabe “no dejes que la realidad te arruine una buena historia”, se dice por ahí.

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