Gobierno entregó títulos de propiedad
Awá dueños de su territorio
A través del Ministerio del Ambiente se entregaron los títulos de 99.336,51 hectáreas de bosque húmedo tropical que se han visto afectadas por la presencia de madereras.
A la escuela de Mataje, en territorio Awá, se llega después de caminar seis horas y atravesar tres ríos correntosos, por una selva grande y espesa desde la escuela de El Pan.
Y a El Pan, un puñado de casas donde se dice viven afroecuatorianos, pero generalmente no hay nadie, se llega después de desviarse dos horas desde la carretera asfaltada que hace tres años une a Ibarra con San Lorenzo.
El camino de tierra anaranjada que conduce al sitio fue construido hace seis años en dos etapas por las madereras Robalino y Plywood.
Estos caminos están dentro del territorio Awá, un bosque húmedo tropical de 99.336,51 hectáreas que ha sido por muchos años la tierra de esta etnia, sin embargo los títulos de propiedad fueron entregados el pasado 5 de abril por la ministra del Ambiente, Ana Albán, a Olindo Nastacuas, director de la FCAE, en una ceremonia que presenció la embajadora de Estados Unidos Linda Jewell (la Usaid apoyó el proceso de legalización).
La figura jurídica utilizada para la entrega es la de Reserva Forestal, (que también se estableció en 1998) y que implica que el territorio no puede ser dividido ni vendido a ajenos a la comunidad. Además, se da a la Federación el derecho de explotar el bosque, según un plan de manejo sustentable.
Los dueños de estas tierras son las 22 comunidades que integran la Federación Awá del Ecuador y viven entre las provincias de Carchi y Esmeraldas, principalmente, con pequeñas extensiones hacia Imbabura. Se calcula que hay menos de 4.000 personas.
Esta zona constituye el mayor cuerpo forestal entregado a una sola comunidad, explica Germán Espinosa, director de Política Forestal del Ministerio del Ambiente. Se han dado territorios de más extensión como zonas intangibles en el Cuyabeno (603.380 ha) y en el Yasuní (982 ha) pero no con títulos de propiedad ni para una sola comunidad.
Madereras
Los predios de la maderera Robalino atraviesan el territorio Awá, dejando a una de sus poblaciones, Guadualito, convertida en una isla de 2.379,99 hectáreas.
A la entrada y salida de Guadualito, se ven potreros, en los que una vez devorado el bosque comienza a brotar la palma africana. En esta localidad casi todos se fueron a trabajar afuera, pero allí está Galo Páez, un awá de 20 años, vestido con un uniforme de fútbol quien nos lleva hacia el ruido de la motosierra, 100 metros más allá.
Entramos a una selva de troncos ligeros al borde de la vía y a la que se accede esquivando decenas de envolturas de helados, caramelos y botellas plásticas.
El ruido de la motosierra aturde a medida que nos acercamos. Páez comenta con orgullo que ese árbol lo mandó a tumbar su tío. “Lo pone uno en la carretera y vienen los compradores”, añade y explica que lo sacan de allí con mulas.
Por cada tablón de 2,60 m de largo, 25 cm de ancho y 6 cm de grosor, pagan $ 2,50, dice. “¿Y para qué alcanza?”, le preguntamos, “para una gaseosa, dos libras de arroz y ayuda para el pasaje a San Lorenzo que cuesta $ 1,50”, responde.
José Mario Ramírez, que está ensañado con un árbol de mascarey, detiene la motosierra para atendernos. Agrega que le pagan $ 30 por convertir en tablones el gigante caído del que saldrán “unas 50 piezas” (se obtendrá $ 125).
En Quito, un tablón de mascarey de estas medidas cuesta para el mayorista $ 12.
La frontera del silencio
En El Pan hay una señora mayor que atiende un desprovisto granero. Las demás puertas están selladas con candado. “Se van a trabajar a la hacienda del frente en los cultivos de coca, y ahí es una cosa grande y los del ELN (Ejército de Liberación Nacional, de Colombia) tienen hasta tienda y bar”, cuenta la mujer.
Al otro lado de El Pan, cruzando el río Mataje, está Colombia con sus mitos y verdades, frente a las cuales los Awá prefieren ser cautelosos.
Solo con la autorización y la compañía de algún miembro de la Federación de Centros Awá del Ecuador (FCAE) se puede entrar a este territorio que comprende más de 121.000 hectáreas (más de seis veces el área urbana de Guayaquil).