Jueves 04 de mayo del 2006 Cartas al Director

Los arroceros y el TLC

Los casos de México, Honduras y Haití muestran cuán sensible y vulnerable es el arroz para nuestros países de América Latina y cuán nefasto efecto tiene la importación del arroz estadounidense. Nosotros, arroceros ecuatorianos, ya éramos arrastrados por el equipo negociador, aupado por el poder económico industrial y agroexportador del país, hacia un vía crucis similar al de los países mencionados, cuando un milagro ocurrió.

El 29 de marzo de 2006, cuando la Última Ronda o Ronda XIV estaba en plena vigencia, la Ley de Hidrocarburos, forjada por el presidente Alfredo Palacio y el Ministro de Economía Diego Borja, fue aprobada por el Congreso Nacional, cambiando la repartición de las ganancias del petróleo extraordinarias. Al día siguiente, cuando bajé de mi habitación en el hotel Washington Plaza a desayunar, un delegado a la Ronda por el sector industrial de aceites oleaginosos, Jorge Troya, se me acercó y lamentó: “Oye, viejo, se cayó el TLC”. Controlando mis emociones de euforia, pregunté: ¿Y cómo así? “La Ley de Hidrocarburos, viejo”, balbuceó. Dejé a Jorge en el lobby sacudiendo su cabeza desconcertada y tristemente.

Esa noche 30 de marzo, sin embargo, en la Reunión Informativa, que el equipo negociador realizaba todas las noches en algún salón del hotel aludido, Manuel Chiriboga arrancó el evento con una gran sorpresa: “Hoy la reunión fue absolutamente regular”, dijo textualmente. No lo podía creer. O mi amigo Jorge Troya se había equivocado bárbaramente o mentía el Jefe Negociador ecuatoriano. Al día siguiente se constató la verdad. Jorge Troya había dado en el blanco.

El viernes por la noche el pequeño grupo opuesto al TLC se fue a cenar en un restaurante chino con uno de los negociadores oficiales del gobierno. A diferencia de los otros negociadores, Santiago Díaz no representaba al poder económico sino al Conesup (Consejo Nacional de Educación Superior) y mantenía, junto con Vinicio Baquero (presidente del Conesup), una línea vertical, patriótica y soberana dentro del proceso negociador.

Esa noche nos quedamos espeluznados cuando Santiago nos contó cuán despóticamente se habían comportado los negociadores estadounidenses frente a sus homólogos ecuatorianos al haberse enterado de la Ley de Hidrocarburos.

“O derogan esa ley o ¡no hay TLC!” vociferaron los gringos enardecidos. “¡Afuera están nuestras petroleras que ponen el grito en el cielo y nos reclaman! Búsquense una buena discoteca donde bailar esta noche, porque mañana no tienen nada que hacer”.

“Santiago, entonces la Ley de Hidrocarburos”, comenté yo, “fue el torpedo que impactó en el corazón de este fatídico ‘Titanic’, donde nos habían montado a todos nosotros y al Ecuador a la fuerza”. Santiago se sonrió. “Pegó cuando menos se lo esperaba, y por donde menos se lo esperaba, la Mesa de Servicios, que nosotros de Conesup prevenimos, a base de amenazas de denunciar a Chiriboga, que se cerrara indebidamente cuando él se apresuraba a hacerlo puesto que esa mesa contiene asuntos trascendentales como recursos naturales, incluyendo hidrocarburos”.

Con un profundo sabor a victoria en nuestras almas, nuestro grupo rebelde caminó las nocturnas calles de Washington de regreso al hotel. Todos nos sentíamos invencibles aun estando en el epicentro del poderío político y económico mundial. “¡Sí se puede!” estoy seguro que cada uno de nosotros rugía por dentro. Esa noche fue una de las más felices de mi vida.

Pedro López Juiz
Montalvo, Los Ríos

Cartas al Director

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.