Lunes 01 de mayo del 2006 La caja

¿La defensa del consumidor como arma ofensiva?

Desde hace varias semanas, en Canal Uno se ha emprendido una intensa campaña de defensa del consumidor frente a las incorrecciones que según las denuncias ha cometido el Consorcio del Pichincha. Cada día en sus diferentes noticiarios se difunden los testimonios de los desengañados partícipes de un sistema de concesión de autos que aparentemente tiene serios inconvenientes.

El consumidor –y todos lo somos– está tan desprotegido, tan a la merced de estafas y engaños de todo tipo que cualquier iniciativa en su defensa sería bienvenida. No obstante, ¿por qué en Canal Uno son monotemáticos? ¿Por qué todos los días durante semanas le han dado al Consorcio del Pichincha con todo? ¿Acaso esta empresa es peor que cualquier otra que trabaja en la misma modalidad?

Confío en que la campaña nada tenga que ver con el hecho de que el Consorcio del Pichincha sea parte de las empresas del propietario del Banco del Pichincha, Fidel Egas, quien a la vez es dueño de Teleamazonas. Sería inadmisible que la campaña de Canal Uno se deba a que Teleamazonas le ha ido quitando porciones cada vez mayores del negocio de la transmisión del fútbol.

Hay que dar el beneficio de la duda a la campaña de defensa del consumidor del más joven de los grandes canales. Si es así, en los próximos días Canal Uno debería emprender en campañas más amplias de defensa del consumidor develando las incorrecciones de otros consorcios y empresas con las mismas ganas con las que ha denunciado al Consorcio del Pichincha.

Sin embargo, los antecedentes recientes en la TV ecuatoriana, con varios episodios de una llamada “guerra entre canales” ha dejado demasiadas veces parqueado el ejercicio de una competencia empresarial de altura. Y existe algo más inquietante en este episodio: la campaña de Canal Uno se parece tanto en método y forma a la que hizo anteriormente TC Televisión en contra de Diners Club y del Banco del Pichincha, que cuesta creer que sea una mera coincidencia.

El hecho es que el ambiente de la industria televisiva ecuatoriana se enrarece aún más con esta clase de utilizaciones –que pueden interpretarse como mañosas– de algo tan legítimo como es la defensa del consumidor.

Y hay un problema de fondo que persiste: de vez en vez, la TV se transforma en el campo de batalla donde un enorme grupo económico que acumula más y más medios (aunque sus dueños estén prófugos) ataca a otro que considera enemigo, el cual, a su vez, mantiene una estación televisora y varias revistas.

Una situación así no se puede considerar algo aislado. En último término afecta a todos los medios televisivos independientes que deben jugar sobre esa misma geografía.

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