Siempre se exige la alineación firme entre promoción turística, servicios e infraestructura, y lo que aparece en los Baños Termales de San Vicente es un disparate. Si pasamos por la parte trasera del edificio central o revisando a vuelo de pájaro alrededores de viviendas, es realmente deplorable la presentación.
Hay locales en abandono, desvencijados hoteles, otros tipo caparazón de cemento con cercas abiertas y agua corriendo de desagües que salen del edificio donde están las piscinas motivo de publicidad turística. Las vías de acceso sin mantenimiento.
Siendo el lugar abierto y popular, presenta también debilidad frente a usuarios que se bañan con ropa, conversan a gritos.
Un proyecto-plan integral y regulador de baños termales y riquezas naturales es urgente, sin que sea punto oculto o inaccesible para gente de limitados recursos o jubilados.
¿Quien regula el uso de aguas termales y recursos? ¿Cuánto estamos dispuesto a insertarnos en el desarrollo local?
Patricia León Guerrero
Guayaquil