Cuatro intentos de linchamiento en una semana se han producido en sectores populares del Distrito Metropolitano de Quito. Las imágenes han pasado por la televisión, donde se han repetido las muletillas de siempre: “justicia por mano propia”, “la comunidad cansada ante la inacción de las autoridades”, “la corrupción de la Justicia”. Los linchamientos crecen y como siempre en la pantalla solo hay descripciones, nada de interpretaciones.
El 21 de abril, en la población de Llano Grande, al nororiente del Distrito Metropolitano de Quito, los pobladores se armaron con baldes de agua fría y matas de ortiga para someter a los rigores del castigo popular a una pareja de presuntos delincuentes.
La comunidad los capturó mientras intentaban robar la casa del presidente de la parroquia. Entre el domingo en la noche y el lunes, estas imágenes fueron divulgadas ampliamente en la mayoría de canales de televisión. Se repitió lo que suele ocurrir en casos similares. Como único contexto se habló de “justicia por mano propia”, de una “comunidad cansada” y de “autoridades insensibles”. Es decir las muletillas que se tienen a mano para ocasiones como esta.
El martes ya se advertía que al emitir las imágenes del linchamiento sin contextualización se está colocando un letrero de advertencia. Lo interesante es que no se trata de una advertencia en contra de los pillos, como ingenuamente concluye Freddy Barros (Teleamazonas) en su nota: “Se escaparon dos delincuentes. En Llano Grande esperan que vuelvan: pero para que reciban su castigo”. El verdadero aviso está dirigido a los pobladores de todo el país, quienes pueden plantearse: ¿Si lo hicieron en Llano Grande –con patrulleros y policías como administradores del castigo popular–, no es lícito que lo hagamos en cualquier parte? Ya se verá cómo el “ejemplo” se comienza a reproducir por cualquier lado.
Dicho y hecho, durante la semana se informaron de intentos de linchamiento en Pomasqui, población cercana a la ciudad y en Carapungo, barrio del nororiente. En el primer caso, se trataba de un acusado de estafa quien trató de aplicar el “paquetazo”.
En Carapungo, al parecer una banda de jóvenes indígenas había asaltado un local de internet.
Siempre, cuando se transmiten estos hechos de espontánea furia popular, me surge una duda, ¿las imágenes son captadas por los mismos equipos de los canales o hay alguien que generosamente proporciona estos materiales? No se trata de un mero formalismo, mucho interesa el cómo para intentar comprender el resto.
En los hechos de Llano Grande sí hay reporteros y las cámaras parecen ser de los canales. Ese viernes por la noche los equipos de la TV acudieron, con toda seguridad, ante el aviso dado por alguien de la misma población. En el caso de Pomasqui es claro que algún miembro de la Policía fue quien llamó a los canales, pues las cámaras “escoltan” al detenido junto a un piquete policial, mientras los pobladores ven la escena con cierta impotencia. En cambio, la filmación en Carapungo es casera, granulada, con poca definición. En suma se trata de una grabación casera enviada a los canales.
No obstante, en ninguno de los tres casos se aclaró la procedencia de los materiales. En el primer y tercer caso, la divulgación de imágenes funciona como una advertencia… Castigo que no se divulga, no lo es tanto. El castigo, ya lo han dicho algunas teorías, tiene una función pedagógica. En el caso de las palizas a delincuentes claramente se está colocando un letrero que reza: “Cuidado… estamos vigilando”. El clavo del cual cuelga ese aviso se llama televisión.
“La comunidad vigila”… Exacto como en el segmento de ‘24 Horas en la Comunidad’ (Teleamazonas) para Quito que dirige Bernardo Abad y acompaña Carla Zarlenga. Es más, este “Cuidado, la comunidad vigila” es el lema con el cual, los presentadores impulsan una campaña ciudadana de acción en contra de la delincuencia.
¿Cuestionable? Para nada. Sin embargo, hay varios puntos oscuros en este entramado.
Lo primero es que en cada una de las notas televisivas de los linchamientos, la contextualización y la interpretación de los hechos no existen. El único intento, al respecto, se hizo en Ecuavisa, el viernes a las 08h00, únicamente para Quito.
Las demás piezas televisivas han sido testiguismo en todo su esplendor, el mensaje de advertencia se lo transmite tal como llega a todos los televidentes , a quienes se hace creer que con “ver” basta para “entender”. Al emitirse los linchamientos, sin historia ni consecuencias, se hace cualquier cosa menos periodismo, pues su ejercicio se define por el enriquecimiento que aporta el periodista a la perspectiva original y probablemente limitada que se tiene de un hecho. Aun más si uno se transforma en testigo por obra y gracia de la TV. “No hay nada menos confiable que un testigo ocular”, dicen los detectives que nos trae la misma televisión.