Zaruma en El Oro tiene un encanto muy especial. Es justo que se le dedique de vez en vez tiempo televisivo. Y no solo a sus calles y casas de arquitectura tan bonita, sino a sus habitantes y, entre ellos, a sus encantadoras mujeres. Cuando el sábado, en el noticiario de Ecuavisa se presentó una nota sobre las bellas chicas de Zaruma, todo iba a la perfección hasta que la reportera comenzó a tratar de explicarse y explicar las cosas.
En el paisaje turístico del túnel de una mina, la reportera encuentra la explicación. A su obsesivo ¿por qué “tanta belleza”?, un habitante de la ciudad le responde: “Es que los indios fueron esclavizados y murieron dentro de las minas, solo los blancos sobrevivieron y no se mezclaron”.
¡Eureka! Se puede adivinar en el rostro de la reportera, quien feliz con su hallazgo lo difunde a escala nacional, horario estelar y fin de semana. Cada quien puede creer lo que quiera, así que el problema no es del poblador de Zaruma. Incluso, la situación histórica descrita puede tener una sólida base real. Sin embargo, hay algo que huele mal en todo esto: la noción de que belleza es lo “blanco”, lo “sin mezcla”, lo “puro”. Como se trata de personas y etnias, la reportera pone en evidencia un racismo inadmisible a estas alturas porque asume y difunde la explicación.
Perfecto, quizás en muchas familias se siga pensando que la prima más blanquita es la más guapa del clan y no aquella morenaza espectacular, pero eso es un problema de la vida privada y quizás de los sociólogos... En el caso de un medio, una parte importante de su responsabilidad social es valorar la oportunidad de difundir creencias y expresiones de tal forma que no ofendan a un grupo de población por el color de su piel o su situación socioeconómica.
Y existe otra consideración por hacer: la televisión al ser el medio de mayor penetración cumple una acción ejemplificadora, muchas veces indeseable. Un ejemplo: ¿Qué objetivo tiene el mostrar los azotes que dieron los pobladores de Llano Grande, al norte de Quito, a dos personas atrapadas robando en una casa? Si se piensa bien, al dar la información del linchamiento sin contextualización se está colocando un letrero de advertencia.
Lo interesante es que no se trata de una advertencia en contra de los pillos, como ingenuamente concluye Freddy Barros en su nota: “Se escaparon dos delincuentes. En Llano Grande esperan que vuelvan: pero para que reciban su castigo”. El verdadero aviso está dirigido a los pobladores de todo el país, quienes pueden plantearse: si lo hicieron en Llano Grande –con patrulleros y policías como administradores del castigo popular–, ¿no es lícito que lo hagamos en cualquier parte?
Ya se verá cómo el “ejemplo” se comienza a reproducir por cualquier lado. Y no es solo “la barbarie de pobladores o de autoridades”, como opinó Lucía Pazmiño, presentadora de ‘En contacto’ para Quito. No, sobre todo es la barbarie de algunos espacios de la televisión.