Jueves 20 de abril del 2006 La caja

El misterio de las torres desaparecidas y otras leyendas

Una de las características en la lamentable costumbre nacional de tumbar presidentes es que hay dos tiempos muy diferenciados… Televisivamente hablando, claro: el derrocamiento propiamente dicho y la conmemoración del primer aniversario.

Así pasó en los dos casos anteriores (Abdalá Bucaram y Jamil Mahuad). Pero como todo hay que decirlo, la calidad de la puesta en escena va decayendo. Se adivina cansancio en los actores. Carlos Vera mantiene una discreción poco habitual y recién anuncia que para mañana (hoy) realizará un panel forajido, como que no le toca más. Nada que ver con el entusiasmo y militancia antigutierrista que desbordaba estos mismos días hace un año.

Teleamazonas ha sido el más entusiasta conmemorador. Debe ser porque en el actual panorama de los medios audiovisuales es la única televisora quiteña y aquello de los forajidos –ya se sabe– no pudo ser replicado más allá de las calles del norte de la capital y de las ondas radiales de La Luna.

Vale decir que el listón estaba muy alto en materia de entrevistas a presidentes derrocados. Janeth Hinostroza hizo un estupendo trabajo con Jamil Mahuad en el mismísimo Harvard. Conversación extensa, pero contundente, en la cual Mahuad fue obligado a explicar y a explicarse. Frente a eso, la deslucida entrevista de 16 minutos y algunos segundos que hizo Jorge Ortiz a Lucio Gutiérrez es como para abandonar el tema inmediatamente y dedicarse a otra cosa.

Y ojo que no fue por el tiempo. Simplemente, Ortiz hizo lo que suele hacer cada mañana: no preparar la entrevista e improvisar sobre la marcha. Así, de los débiles cuestionamientos a los errores del coronel trató de salvar los muebles pasando a las “reconstrucciones históricas”,  con asuntos tan poco comprobables como el de las torres de comunicación desaparecidas de la terraza de Carondelet o la del capitán-médico que supuestamente puso en condición de zombi al entonces presidente.

Realmente muy pobre. Porque Ortiz no puso en evidencia a Gutiérrez simplemente por lo que le llevó a su perdición: el autoritarismo y la destrucción de las instituciones del país (qué fácil se olvida que estuvimos un año sin Corte Suprema). Sin ese punto vital sobre la mesa, Gutiérrez tuvo la oportunidad de decir que lo botaron por “xenofobia” (así como lo oyen) y por racismo, o que el inefable Bolívar González fue un agente de la conspiración infiltrado.

Inmerecido castigo mediático en las vísperas de la conmemoración de los forajidos (la gente indignada en las calles, simplemente) ya maltratados por las promesas desvanecidas del actual Gobierno y de quienes se autoproclamaron como “forajidos” para llegar a alguna de las instancias del poder.

La caja

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