Al cerrar las ciudadelas, matamos al comercio. No podemos amurallar a todo Guayaquil, so pretexto de la delincuencia, porque existen negocios que viven del libre tráfico de personas. No podemos pedir permiso cada diez cuadras para ingresar a un nuevo sector “privado”.
Yo vivo en una ciudadela que tiene más de 35 años, que nació sin muros, y ahora la quieren amurallar. Este tipo de divisiones se ven en una prisión, en la que para pasar de un lugar a otro, hay que pedir permiso y esperar a que le abran una puerta. Espero que este tipo de soluciones no prosperen, ya que mataríamos el comercio y la libertad.
Fernando Flores
Guayaquil