Para la mayoría de los trabajadores inmigrantes y patronos estadounidenses que visitan la agencia laboral El Centro Humanitario, en Denver, el acalorado debate nacional sobre inmigración no es un concepto abstracto. Es una realidad económica.
Si la gente accede a pagar otros 20.000 dólares por su casa de 200.000 dólares, perfecto. Si no, vamos a tener que hablar seriamente sobre las consecuencias de expulsar a doce millones de personas, advierte el contratista Chuck Saxton, quien suele emplear inmigrantes por una fracción del salario de obreros estadounidenses, en labores de construcción y renovación residencial.
Las consecuencias a las que se refiere Saxton para empresas, consumidores y trabajadores ilegales que proveen mano de obra barata, son innegables.
Ese detalle ha sido mayormente obviado por los legisladores que debaten diversas propuestas para legalizar la situación de los trabajadores extranjeros. Pero, a pesar de las medidas que tomen, la dinámica de la economía basada en la inmigración ilegal será extremadamente difícil de cambiar, advierten los expertos.
Si aprobamos una ley que incremente notablemente la aplicación de la ley sin permitir un mayor flujo legal de inmigrantes, los empleadores y los extranjeros indocumentados encontrarán la manera de burlarla, opinó Gordon Hanson, economista en la Universidad de California.
Si bien es difícil predecir exactamente qué pasaría como resultado de futuros cambios en la ley, la posición de Hanson se basa en experiencias previas.
En 1986, la última vez que el Congreso revisó las leyes migratorias, el tema fue tan candente y emotivo como ahora. La inmigración ilegal fue considerada una amenaza a la seguridad nacional.
Los críticos dijeron que los empleados no autorizados acaparaban empleos bien remunerados en Estados Unidos. Y se acusó a los extranjeros de aprovecharse de la generosidad de la nación, sobrecargando los beneficios sociales.
Al final, los legisladores decretaron amnistía para los trabajadores que ya estaban en el país, prometiendo reducir el flujo de nuevos inmigrantes. El Congreso ordenó a los empleadores exigir los documentos de los trabajadores, so pena de enfrentar consecuencias legales.
Pero los trabajadores indocumentados siguieron llegando.
Dos décadas después, el número de extranjeros ilegales en Estados Unidos ha crecido de 4 millones a entre 11,5 y 12 millones, según el Centro Hispánico Pew. Más del 40%, unas 4,4 personas, ha arribado en el último lustro.
Los trabajadores ilegales ocupan uno de cada cuatro empleos agrícolas, 17% de los trabajos de limpieza y mantenimiento, 14% de la construcción y 12% de la preparación de alimentos, según el centro.
Podrían las nuevas leyes cambiar esto? Las reformas de 1986 fracasaron porque los esfuerzos en la frontera y en los lugares de trabajo fueron insuficientes, aseguran los expertos.
Algunos congresistas proponen que todos los patronos registren a sus trabajadores en un archivo nacional computarizado que permita detectar a quienes tienen documentos fraudulentos. Una ley ya aprobada por la cámara baja exige controles más estrictos en la frontera, incluyendo el levantamiento de un muro a lo largo de la frontera con México.
Por su parte, la opción del Comité de Asuntos Jurídicos del Senado se concentra en ofrecer amnistía y ciudadanía a los trabajadores que ya están en el país. Además de crear un programa de permisos temporales para suplir necesidades estacionales, en respuesta a presiones de grupos económicos.
Algunos expertos dicen que si estas disposiciones legales logran reducir el flujo de nuevos inmigrantes ilegales, sólo sería por un tiempo.
En unos años regresaremos a los niveles (de inmigración ilegal) que hemos visto, opina Peter Schuck, profesor de la Universidad de Yale especializado en inmigración.
El problema radica en que lo jurídico no cuadra con los potenciales daños económicos, acotan algunos analistas.
Más de la mitad de los trabajadores ilegales en Estados Unidos proviene de México, donde la devaluación monetaria y las crisis por deuda han creado una tremenda volatilidad económica la última década. Al mismo tiempo, al mercado laboral mexicano ha ingresado una generación numerosa. La combinación de esos elementos ha creado una inmensa presión económica, llevando a muchos trabajadores a buscar afuera mejores condiciones que las ofrecidas en casa.
Creo que (los extranjeros) serán contratados por aquellos que sólo quieren mano de obra barata, opina en Rockford, Illinois, el sacerdote católico de origen mexicano Ricardo Hernández.
Las cosas están tan mal en México que ellos tienen que trabajar aquí y se quedarán incluso aunque la paga sea muy baja, agrega Hernández. Como muchos de sus feligreses son indocumentados, ilustra que mientras el salario mínimo federal es de 5,15 dólares por hora, algunos inmigrantes ilegales trabajan por 3,50.
Mientras las condiciones en otros países empujaban a la mano de obra a emigrar, el rápido crecimiento de la economía de Estados Unidos en los años noventa estimulaba la demanda, especialmente en estados y sectores económicos que tradicionalmente no eran asiento de inmigrantes.
Saxton, contratista en Denver, recuerda que hace cuatro años comenzó a contratar inmigrantes después que los obreros estadounidenses se presentaban ebrios a trabajar.
Hoy en día paga entre 10 y 12 dólares la hora a los extranjeros sin documentos, casi un tercio de los 35 dólares que tendría que pagarle a un obrero local, incluyendo el seguro obligatorio por ley.
Los extranjeros trabajan duro, son honestos y agradables. Les confío mis herramientas, dinero, todo, aseguró Saxton.
Aunque los inmigrantes desempeñan un papel crucial en la economía, su importancia a veces es exagerada. Representan menos del 5% de la fuerza laboral nacional y se concentran en industrias y zonas geográficas de manera tal que si fuesen removidos, la economía nacional no sufriría impactos desmedidos.
Pero también es cierto que su trabajo afecta los precios al consumidor de algunos bienes y servicios.
Quienes reclaman leyes de inmigración más severas argumentan que el país tiene trabajadores capaces de suplir la mano de obra ilegal, pero los patronos tendrán que pagar más.
Sin embargo, algunos sectores de la economía destacan que ha bajado el ritmo de crecimiento de la fuerza laboral local, y que la mayoría de los jóvenes no quiere trabajar en empleos estacionales y que requieren esfuerzos manuales.
La solución es un programa práctico y realista de empleos temporales para cubrir las necesidades de mano de obra y mantener fuerte nuestra economía, argumenta Bob Dolibois, vicepresidente de la Asociación Estadounidense de Paisajismo.
La realidad es que, dadas las motivaciones de empresarios y trabajadores, regular el flujo de inmigrantes de espaldas a la economía resultará muy difícil, sea la inmigración legal o no, puntualizan los expertos.
El Gobierno está tratando de legislar y terminar la inmigración frente a una gran demanda económica de inmigrantes ilegales, detalla Hanson. Es exactamente igual que con el tráfico de drogas. Podemos decir que es ilegal, pero eso no significa que no suceda.