Varias cartas y comentarios sobre recientes artículos merecen una opinión. El del silencio de la prensa deportiva audiovisual sobre el “caso Luna” ha generado que haya lectores que dicen: “Los periodistas deportivos no hablamos de aquello porque conocemos la bondad y buen corazón que tiene el capi Luna. Respóndame algo, ¿Usted le ha tratado al Capi? No juzgue Ricaurte, porque será juzgado. Eso dice la Biblia”. El mensaje está generado desde un teléfono celular, aunque sin remitente.
¿Pedir cuentas y equilibrio es juzgar? Estamos ante la punta del ovillo. Desde la FEF se admite que ciertos periodistas les deben favores. El presidente de AER Guayas, Andrés Mendoza, admite que ciertos periodistas le deben favores a la FEF. El dirigente de la Liga de Quito, Rodrigo Paz, señala que las irregularidades en los viajes de la selección organizados por la FEF se han producido desde hace mucho tiempo.
Y ante unos indicios que crecen, la plana mayor del periodismo sigue avalando las actuaciones de la FEF y justificando la irresponsabilidad (falta de responsabilidad ante alguien) del organismo mayor del fútbol ecuatoriano. Así lo dicen las entrevistas a Vito Muñoz, Fabián Gallardo, Roberto Bonafont y otros periodistas, que se publicaron el miércoles en EL UNIVERSO.
La responsabilidad del periodismo
Con respecto al artículo del miércoles, Guillermo Santamaría Suárez comenta: “Que sean periodistas los que propongan legislación acerca de qué, cómo y cuándo opinar es una clara señal de la existencia de un claro malestar e incomodidad con relación a la forma y manera como se presenta y se ejerce el periodismo. Lo peligroso es que no quieran darse cuenta de que tienen culpa y responsabilidad acerca de lo que ocurre con el país”.
Continúa: “Opinar e informar es algo que muchos periodistas no terminan por diferenciar. Como derecho ciudadano está garantizada la libertad de opinar, pero bien cabe que recordemos a Platón, quien decía que la opinión con frecuencia resulta falsa y jamás exacta”.
Los argumentos son ineludibles. Hay una ruptura del “pacto social” que tenía el periodista con la sociedad, por el cual el primero se comprometía a contar la verdad de la forma más objetiva posible a cambio de que se le otorgara una amplia confianza pública.
Pero, si bien el periodismo tiene responsabilidades en la situación del país y hay necesidad de una profunda autocrítica, tampoco es cuestión de echarle la culpa de todos los males.
Eso no significa que no se pueda o no se deba regular aspectos como la programación televisiva. Hay que diferenciar esto de lo que es el libre ejercicio del periodismo. La regulación y la autorregulación de un bien y un servicio público como la televisión, es algo que debe debatirse. Un buen punto de partida son las legislaciones que tienen la mayoría de naciones democráticas del planeta.