¿Qué ocurrió cuando apareció el tren? Algunos arrieros se convirtieron en maquinistas, los salarios más altos y un menor sacrificio contribuyeron al mejoramiento de su calidad de vida; otros se dedicaron a la producción de bienes que pudieron vender en otras localidades gracias a la eficiencia del tren; y desde luego uno que otro porteador enfrentó peores días al verse doblegado por la invencible competencia de la locomotora, pero la sociedad en general ganó.
La aparición del tren es un ejemplo de lo que se conoce como ‘destrucción creadora’, término que describe que un avance tecnológico elimina plazas de trabajo a corto plazo, pero se convierte en una fuerza positiva que genera riqueza y trae beneficios a largo plazo. La destrucción creadora tiene que ocurrir, es la esencia del sistema. El efecto de estos inventos es similar a la eliminación de barreras que limitan y distorsionan el comercio internacional: aranceles, cuotas, subsidios.
En general, el comercio es un mecanismo de subsistencia que nos permite especializarnos en lo que mejor hacemos e intercambiar el fruto de nuestra labor para conseguir lo que no producimos pero sí consumimos.
Los ecuatorianos debemos producir los bienes y servicios que nuestras habilidades y recursos nos permiten crear eficientemente, y venderlos a cambio de los que otros producen con mayor eficiencia. Implícito en un proceso de liberación comercial está la desaparición o reducción de industrias nacionales con altos costos de producción a nivel internacional, pero asimismo precios más bajos para los consumidores de dichos productos y mayores niveles de producción en las industrias que gozan de nuevos mercados. Por el miedo al cambio (y quizá por falta de información objetiva al respecto) no podemos transportarnos en mula mientras el resto del globo se transportará en trenes.
Evidentemente, no todo es color de rosa, la eliminación de barreras al comercio internacional es necesariamente un proceso destructivo. El Gobierno deberá asistir a los afectados para que se vuelvan competitivos a nivel internacional o puedan transferirse fácilmente a industrias competitivas. Un grupo perjudicado temporalmente es menos nocivo que un país afectado permanentemente.
Bernardo Acosta Varea
Quito
Estando dolarizados la tasa inflacionaria básica la fija Estados Unidos, por ende, si la inflación norteamericana crece, también debería crecer en Ecuador.
La tasa inflacionaria no es tan importante para la competitividad; donde radica su relevancia es en la diferencia y las causas que la generen. Podríamos tener una tasa más alta que el país norteamericano sin consecuencias negativas, si es causada por un mayor crecimiento en la productividad. En el otro lado (el nuestro) la inflación causada por un incremento insostenible en el gasto del Gobierno y un alza negativa en la productividad, es un serio problema.
Recortar el gasto burocrático, reducir el IVA y demás impuestos que afectan al productor y consumidor; y una política de fomento agroindustrial, darían pequeña reactivación del aparato productivo. Si bien la eliminación de los subsidios es una sana medida de política fiscal, realizarla en los actuales momentos sería pasarle la cuenta al pueblo por las consecuencias de la presentación de un presupuesto inflado, de su errada aprobación, y de los malos manejos fiscales. Y todo esto en el entorno de una deuda externa y a las puertas de un TLC para el que no estamos preparados, pero que debemos aceptar si deseamos insertarnos en el mundo económico, mas no por ofrecer oportunidades (de hecho es así) pues estas también fueron ofrecidas en su momento por el Pacto Subregional Andino con resultados fehacientes.
Miguel Ángel Farra Negrete
Guayaquil