Cuatro periodistas se reunieron ante una mesa con Jorge Ortiz en ‘Este lunes’ de Teleamazonas. Se debía analizar la situación política y el inminente proceso electoral. Lamentablemente no se llegó a mucho más que “son necesarios acuerdos mínimos”, “consenso”, “diálogo”.
En el panel del último ‘Este lunes’, en lo político no se pudo pasar del lugar común reflejado en la constante mención al “establishment” y “los empresarios” como actores del bloqueo, que hizo un Andrés Carrión que intentaba volver a ser el “niño terrible”.
En lo político, todo se quedó en el elemento “diálogo” y “consenso” que introdujo Alfonso Espinosa de los Monteros. Thalía Flores tuvo algún destello de profundidad, pero no era la noche para eso: en la mesa estaba un Francisco Herrera Aráuz que no iba a dejar pasar la oportunidad de posar como cuestionador con sus propios colegas y la prensa.
Entonces dijo, entre otras cosas, que la prensa había sido el poder real en los últimos diez años. Que había puesto y quitado presidentes y que era una de las grandes responsables de la situación nacional. Se armó el zafarrancho, por supuesto. Se llegó al punto embarazoso en que Jorge Ortiz tuvo que explicarle los rudimentos de la teoría política. El discurso de Herrera se cerró con un comentario irónico sobre la posición de la SIP de que el “ejercicio periodístico no necesita leyes”.
Las afirmaciones de Herrera, muy cercanas a lo que han expresado políticos como León Febres-Cordero, no pueden sostenerse sino como sofismas. En primer lugar, contrapoder no significa oposición ni bloqueo, sino vigilancia sobre el poder. Decir que Bucaram, Mahuad y Gutiérrez se cayeron por la acción de la prensa (así en global, porque Herrera se negó a realizar cualquier distinción) es forzar las cosas. ¿Acaso no hubo factores como ejercicios corruptos o por lo menos nada éticos del poder (casos Bucaram y Gutiérrez)?, ¿acaso no hubo financiación indebida en la campaña de Mahuad, una enorme crisis económica y un feriado bancario?
¿Es la prensa tan poderosa que echa del poder a presidentes? La tentación de pensar que sí desde el Watergate estadounidense es enorme. Pero no pasa de ser una manifestación de vanidad que no se sostiene en los hechos.
¿Es la prensa impune, como se pregunta Carlos Jijón, “Defensor del lector” en el diario Hoy (artículo reproducido como “Interés general” en EL UNIVERSO)? ¿Se necesitan más leyes que controlen al periodismo, como insinuó Herrera el lunes? En una democracia, los periodistas al igual que cualquier ciudadano no podemos injuriar, calumniar, ni cometer otro delito. La libertad de expresión ya tiene límites, los que imponen las leyes penales y civiles. En cambio, pretender legislar sobre lo que se puede o no se puede decir u opinar es muy peligroso. Y que lo propongan periodistas, es aún más desconcertante.