Viernes 24 de marzo del 2006 La caja

La generación perdida

‘El Carlos Vera que pudo ser’ es el nombre de un artículo de Manolo Sarmiento en el diario Hoy de Quito, donde se decía: “Hace poco tuve la suerte de ver unas imágenes de archivo grabadas por Carlos Vera en 1979 y quedé maravillado. El Vera de esos años tenía toda la agudeza del de hoy, con la mitad de la vanidad y el añadido valioso de la frescura y la libertad, libertad de prejuicios y, supongo también, de intereses. Un Vera que irrumpía ante el canciller de Pinochet que asistió a la posesión de Roldós diciéndole: ‘¿Cuándo será el turno de Chile, general?’, ‘cada país tiene su ritmo, señor’, ‘¡América Latina le pide democracia a Chile, general!’.

Un diálogo como el descrito es inimaginable en las pantallas ahora. No veo el espacio, pero menos aún a las personas.

Algunos de los temas que frecuentemente se plantean en esta  columna tienen que ver con el hecho de que la TV ecuatoriana no se ha renovado, no ha crecido y tampoco ha sido consecuente con su propia escuela. Hubo un periodo entre mediados del setenta hasta entrada la década del ochenta –como en la canción de Joaquín Sabina– en que la TV ecuatoriana, aparte de desarrollo tecnológico, ofrecía contenidos de calidad. Eso no implica que todo lo que se hizo en aquella época era bueno ni mucho menos, pero ciertamente existían más opciones.

El de Vera no es un caso aislado. Lo mismo se puede decir con respecto a las estupendas entrevistas de Diego Oquendo recopiladas en el libro Frente a frente. O del estilo de conducción de Bernard Fougères (cuya entrevista apareció ayer), de los reportajes de fondo que introdujo Freddy Ehlers, de la agudeza de Xavier Barzola (prematuramente desaparecido), de la frescura de Polo Barriga, de la respetabilidad de Alfonso Espinosa de los Monteros, etcétera.

Hubo una generación que transformó la TV y el periodismo audiovisual. Lo que vino después se parece mucho al vacío. ¿Por qué?

Es un tema sobre el que he pensado mucho y una de las respuestas es que personajes como Carlos Vera o Diego Oquendo o Freddy Ehlers irrumpieron en un medio que aún no era muy institucionalizado. Trajeron ideas frescas, las implantaron y con ellas se formaron las grandes instituciones que son ahora los canales de televisión.

La generación posterior fue a “trabajar” en los canales, no a transformarlos. Fue a hacer carrera en una empresa, no a dejar su huella. Lo que digo puede ser muy duro con mi propia generación, pero creo que nos ha faltado audacia, ganas de cambiar las cosas y de plantar cara con rebeldía a lo instituido.

... Una generación perdida y lo grave es que la que viene después es la heredera del vacío. Por eso solo siento congoja cuando escucho a un mozalbete como Luis Antonio Ruiz tratar de “borreguitos” a los campesinos indígenas en paro.

La caja

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