Como antes sucedió con César Umajinga, prefecto de Cotopaxi, con quien perdió la paciencia por la falta de claridad en su discurso. Como sucedió con los huelguistas de Pastaza, a quienes llamó “primitivos” y ellos respondieron impidiendo el trabajo del equipo de Teleamazonas y con pancartas donde se leyó: “Ortiz, todos somos primitivos”. El lunes, Jorge Ortiz volvió a tener un desencuentro con la conflictividad social del país, esta vez representada por Gilberto Talahua.
Precisamente, el tema de la representación fue el más manido cuando el equipo Ortiz-Apolo enfrentó al dirigente indígena.
“Usted solo representa al 8%, no al 92% de ecuatorianos”, le decía un funcionario de Gobierno, que si vamos por esas no sabemos si llega a representar siquiera al 1% del país.
En todo caso, Talahua tenía serios problemas para expresarse en español más allá de las proclamas. Tampoco Ortiz hizo algún esfuerzo por entenderlo, por más que le permitiera hablar. Talahua no fue invitado para tratar de entender las movilizaciones indígenas sino para desacreditarlas.
Y por supuesto que es complicado una movilización indígena que se basa en la desconfianza y en el discurso de lo “anti”, antes que en la “racionalidad” occidental.
Eso sucede ritualmente y es parte del país fragmentado que no se ve ni se escucha, menos se entiende. Algo verdaderamente inquietante. Porque el mismo Jorge Ortiz en otros ambientes, “entre pares” para hablar desde la política, es un entrevistador razonable, oportuno y correcto, como se pudo comprobar en el panel de ‘Este lunes’ sobre el proceso electoral en marcha.
Este programa, en cambio, fue esperanzador: un político como César Montúfar, un empresario como Mauricio Pinto y un periodista como José Hernández coincidieron en que es indispensable presionar para cambiar el sistema y superar el bloqueo político que vive el país.
Uno de los panelistas, Jaime Durán Barba, en cambio, obstinadamente se quedaba en la foto de la situación, con lo cual revelaba los límites del uso de las encuestas políticas.
La evidencia la puso Hernández (revista Vanguardia): “Si a los consumidores de telenovelas se les pregunta qué quieren ver seguramente van a decir telenovelas”. El asunto es que esa encuesta nada nos dice sobre si la gente quiere ver otras cosas o protagonizar otra política.