Miércoles 08 de marzo del 2006 La caja

Una conquista menos para Ben Affleck

Polvareda causó en el mundo del cine, el que se haya negado el Oscar como mejor película a Brokeback mountain y se la haya dado a la políticamente correcta Crash, drama que habla sobre la soledad y las relaciones interraciales.

Los críticos del Washington Post y de Los Angeles Times señalaron el hecho de que la Academia decidió a última hora no premiar un filme polémico sobre un tema que no se lo acepta plenamente, como el de la homosexualidad. “EE. UU. quiere que sus vaqueros sigan siendo muy machos”, se decía en una crónica.

Si se considera que Brokeback mountain se llevó tres estatuillas, incluyendo la de Mejor director para Ang Lee y la de Mejor banda sonora para Gustavo Santaolalla, se puede sostener que los premios estuvieron bastante repartidos.

Lo que es innegable es el hecho de que la aceptación de opciones de sexualidad distintas gana espacio. En la TV teníamos un ejemplo tratado con muy buen gusto. En el comercial que hizo Ben Affleck para el desodorante Axe, en medio de imágenes de sucesivas conquistas femeninas, se desliza un guiño: el dependiente de una tienda que también le coquetea;  el galán cinematográfico duda un momento y luego decide sumarlo al conteo con un gesto de ¿por qué no?

Mensajea por las mejores chichis
Nada como para escandalizarse en una época en la cual se ha ganado mucho en cuanto al reconocimiento de los derechos de las minorías. Sin embargo, de manera inexplicable la mencionada secuencia ha sido editada recientemente de la versión que se pasa en el Ecuador. ¿Qué sucedió?, ¿gazmoñería?, ¿presiones de grupos conservadores?, ¿“razones técnicas”?

En cualquier circunstancia, llama la atención la censura, autocensura, edición o corte. Es un acto de hipocresía porque en cualquier programa farandulero o de humor de la TV doméstica se juega con la ambigüedad, lo groseramente sexual y lo grotesco. Solo para citar un ejemplo, está el caso del “chichometro”, concurso que se perpetra en ‘Noche a noche con Marián’.

Allí el personaje travestido y estrambótico de Antonella mide los atributos que a su juicio pueden tener las glándulas mamarias de personajes femeninos del mundo social y televisivo. Y, por supuesto, todo acompañado con el “mensajea” de rigor.

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