Miércoles 01 de marzo del 2006 La caja

Un coctel con carnavales y feriados, pero sin interpretaciones

Hay que tener mucha dosis de imaginación para llenar en estos días los noticiarios.  “Crear información” (en el argot) frente a la pausa que sufre todo el mundillo político y económico. Sin embargo, las cosas más atractivas pueden estar más cerca de lo que parece.

En la oferta televisiva, carnaval es igual a feriado, a salida masiva de turistas, a regreso igual, a mucha agua, espuma, desfiles y deportes extremos. Es una cacería de hechos circunstanciales que puedan llevarse a la pantalla. Y es también incipiente planificación: en lo previsto y en lo previsible, se abordan los destinos de siempre y alguna curiosidad para salvar la excesiva rutina. Por eso por estos días, en la pantalla aparecen tan pocas notas que muestren temas especiales o que por lo menos tengan un enfoque distinto.

Incluso cuando se lo hace así, aparecen como coberturas de última hora, improvisadas y forzadas. Ese fue el caso de los carnavales en Amaguaña, población rural cerca de Quito, lugar donde se vivió un carnaval en su significado más antiguo (el mundo al revés y sin reglas), donde los desfiles fueron transgredidos para rociar con espuma a todo el mundo, incluidas las tribunas con las autoridades que en carnaval –y esa es la gracia– dejan de serlo. Pretender una “culturización del carnaval”, es un desubique.

El mundo al revés
Aparecen más rasgos. La transformación de un pequeño arroyo en un balneario popular, donde decenas de guayaquileños sin recursos para salir a las playas festejaron alborozados la libertad del carnaval. El lugar, en la crónica periodística, se convirtió pronto en una verdadera feria popular. Las tomas lo dijeron todo.

En todos estos casos, no hay nada más aparte de las descripciones. Apenas son “notas curiosas” que no requieren esfuerzos de interpretación, aun cuando se suman más elementos de plena expresión carnavalera: el juego de empaparse en los ríos cuencanos, más desfiles transgredidos, el agua y la espuma en las calles inundadas de un pequeño poblado costeño…

Como no hay solución de continuidad ni se tiene en claro en qué consiste el carnaval, se lo mezcla con ofertas de carácter totalmente turísticos (no populares), como los deportes extremos en Baños, “el cantón afrodisiaco”, según la cómica y decidora expresión de la reportera de Ecuavisa.

En la pantalla carnaval y feriado son una sola cosa, cuando el carnaval es la fiesta popular no religiosa más importante y por lo tanto una invitación a vivencias, lecturas e interpretaciones demasiado interesantes. Y, ¿el feriado? Bueno, es una excelente oportunidad para la industria turística. Como se ve, dos cosas muy distintas.

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