Dentro de los próximos meses Erick, de 16 años y bachiller técnico en Artes Gráficas graduado en la Filantrópica, se imagina laborando en una imprenta como operador de maquinaria offset y en los siguientes años se visualiza dirigiendo su propia microempresa gráfica.
Este joven integrante de la nación Guerreros sueña con capacitarse y trabajar, en lugar de enfrentarse a bala como lo hacen muchos miembros de otras agrupaciones urbanas informales en Guayaquil.
Es que en el lapso de un año Erick ha sido protagonista indirecto de esa acometida entre otras organizaciones y siente que todo lo que ha observado ha sido suficiente para alejarse de esa violencia y encaminar su vida hacia labores productivas, sin dejar de pertenecer a su nación.
Hace unos meses vio morir con un balazo al líder de otra nación en las calles Lorenzo de Garaycoa y Febres Cordero (centro de Guayaquil) después de ser atacado por una organización contraria.
En enero pasado vio cuando fue herido con un tiro en el hombro un miembro de su agrupación mientras se encontraban en un baile que se desarrollaba en un barrio céntrico, junto a otros ocho amigos.
“Me da miedo que pueda pasarme lo mismo que a ellos. Mi tía, con quien vivo, me dice que debo tener mucho cuidado”, expresa Erick, quien a su vez aclara que no lleva armas y que tampoco ha estado implicado o detenido por algún delito.
Después de esos episodios combinados con sus labores en una imprenta de la que se retiró por falta de trabajo, este joven centra sus pensamientos en la beca de Manejo de máquina offset que tanto esperó.
“Ahora podré especializarme en este oficio y tendré la oportunidad de trabajar en una empresa más grande”, expresa con una ilusión que se proyecta con una sonrisa en su rostro.