La sexualidad, en versión tele, bien se puede resumir en la imagen de dos chicas con pantalones ajustados a la cadera que juguetean entre ellas a ser “tortilleras” (lesbianas). Incitan a que mensajeen si quieren verlas sin pantalones o sin blusa. Se ofrecen a dar “tips” sexuales o bien una colección de las mejores fotos de Playboy, versión latinoamericana, a la gente que mande sus mensajes SMS.
Cuestionan sobre “si hacerlo con ‘el ex’ es más rico” y hablan de cuánto calor hace y de cómo les gustaría quitarse la ropa para que (ya lo adivinaron) la gente siga entregando su dinero a través de los mensajes SMS.
Estamos en Gamavisión y es la madrugada. Horario adulto no hay que darle vueltas, a menos que se cometa la imprudencia de poner un televisor en su dormitorio a un adolescente insomne... “Horario adulto” en la televisión significa solo una cosa: sexo. Desde varias ópticas: hablar sobre él o utilizarlo como mecanismo para atraer audiencias. Finalmente, el recurso del escándalo es muy eficaz ante la competencia, y qué mejor mecanismo para provocarlo que la mercantilización del sexo.
El mostrar piel como reclamo comercial. El morbo y la lascivia como objetivos. En las pantallas del país casi cualquier pretensión de humor pasa por sexo explícito o en doble sentido. Allí están las mencionadas chicas que “hacen tortillas” en las madrugadas de Gamavisión, ‘Vivos’, ‘Ni en vivo ni en directo’, la aberración llamada ‘El Muñequeo’, ‘Mi recinto’... En un lote aparte: los programas playeros, los reality shows, los talk shows, las cámaras escondidas para descubrir infieles, etcétera.
Para no hablar de la publicidad que convierte en oscuro objeto del consumo (parafraseando a Buñuel) a la sexualidad femenina. Porque es innegable que hay una utilización del cuerpo femenino que tiende a transformar algo natural en publicidad de zapatos, cerveza, vacaciones. Es la sexualidad femenina distorsionada y condicionada, el cuerpo femenino convertido en un fetiche al cual hay que embellecer, mostrar y consumir.
Pero los expertos están de acuerdo: “La publicidad descubre que las sensaciones venden y nos mete el sexo hasta en la sopa.
Como el anuncio de café, que nos parece más apetecible si sale humo de la taza. Pero tanto humo sexual nos satura, nos inmunizamos y el efecto novedad desaparece. Todo filón se agota, y llegará el día en que el sexo, como reclamo, toque techo”, dice el sexólogo español José Luis Sánchez de Cueto, citado por Ana Sánchez del diario El País de España.
Mostrar vs. hablar... Las caras opuestas de la moneda. Pero, ¿se habla de sexo en televisión? Actualmente existen dos pequeños espacios en la TV nacional para tratar temas de sexualidad. Un segmento en el Noticiero de cierre de TC Televisión y un segmento en el programa de farándula de Marián Sabaté. Según profesionales en psicología y sexualidad (en carta publicada por EL UNIVERSO), son espacios que pecan de ser conducidos por personas empíricas e improvisadas.
Sin embargo, es necesario hacer distinciones. En TC, Susy Hidalgo tiene la virtud de responder a las inquietudes de los televidentes con sentido común (más allá de alguna pequeña exageración o error), calidez, sin posiciones moralistas, y sobre todo, sin caer en el exhibicionismo. Esto último es lo menos que se le puede imputar al segmento en ‘Noche a Noche con Marián Sabaté’, que conduce Bernarda López, ex Miss Tanga del Yacht Club de Salinas, quien presume de un importante currículo de actividad sexual, completado en el Viejo Continente.
Todo estaría bien si el segmento de Bernarda López se llamara ‘Mis goces y otras experiencias sexuales’ y se lo pasara como un tráiler en los cines XXX de la ciudad, sin pretender instrumentalizarse como una escuela de sexología. Porque esta señora podrá haber tenido todas las experiencias del mundo, pero no se ha dado un minuto para reflexionar sobre los diversos aspectos de la sexualidad humana.
En cualquier caso, algo se debe rescatar de estos espacios: están hechos por mujeres. En una sociedad aún machista (donde la mayoría sigue condenando las relaciones prematrimoniales de la mujer y celebrando las del hombre) es un signo de nuevos tiempos.
Porque hasta ahora cualquier debate “serio” sobre la sexualidad sigue pasando por la intervención de miembros de la Iglesia, es decir a través del tamiz de una noción de la sexualidad marcada por el pecado y lo religioso: el uso de condones y otros métodos anticonceptivos, las campañas públicas de prevención del embarazo precoz, la interrupción del embarazo en casos extremos, la píldora del día después.
Los curas ya no entran en las alcobas, pero sí está la TV. La desorientación es evidente.
Sin embargo, entre los conflictos pecaminosos de una sexualidad incomprendida, se han abierto amplios resquicios para el ejercicio de una sexualidad más sana y personal. Y eso es toda una bocanada de aire fresco...
Los esfuerzos por hablar de sexo en la televisión no deben y no pueden ser satanizados, finalmente están indicando algo más grande: un cambio radical en los comportamientos sociales...
Muchos síntomas nos conducen a ese diagnóstico en el cual los ecuatorianos del nuevo milenio aparecen en proceso de reconocer a la sexualidad como parte de su cotidianidad, más allá de los tabúes.
Muy probablemente el cambio ya se estaba anunciando durante la elección de Miss Universo del 2004 en nuestro país cuando el Diario EL UNIVERSO publicó una encuesta muy decidora: El 71,8% de ecuatorianos se consideró igual de atractivo que el resto de hombres y mujeres del resto de Latinoamérica. El 70%, en una escala de máximo 10, se calificó entre 6 y 8 en cuanto a ser atractivo...
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| La sexualidad, el erotismo... En la TV se habla poco sobre sexo, pero no hay ningún reparo para utilizarlo como un recurso constante para ganar audiencia. En otras palabras, la sexualidad humana es maltratada. Un caso que desborda cualquier cosa: dos presentadoras en Gamavisión con vocación de strippers que reclaman “mensajea” y ofrecen “tips” sexuales. En cambio, ‘Dos rombos’, de la TVE, es un paradigma de buen tratamiento de la sexualidad. Susy Hidalgo en TC, pese a no ser una experta, maneja su espacio con sentido común y buena comunicación.
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