Martes 14 de febrero del 2006 La caja

Cuando la televisión se mira al ombligo

Si bien una de las tendencias dominantes en la TV contemporánea es la de los “shows de realidad”, para completar el círculo de la “telerrealidad” hay que andar el camino inverso: la televisión donde lo real es verse a ella misma.

El estilo desembarcó en el 2006 con el estreno este domingo de ‘El precio de la fama’, por TC Televisión. Una hora de ombliguismo pleno, con ‘A todo dar’ como pretexto. Érika Vélez condujo ‘El precio de la fama’ sin brillo y con el único recurso de una sensualidad fuera de tono; por eso, el nuevo programa se sostuvo en la edición, en los primeros planos y en una cuidada iluminación que contrastó claramente con la estética vulgar del tema tratado.

Más allá de las consideraciones técnicas, y para decirlo rápido,  ‘El precio de la fama’ fue un recuento sobre un programa que como ‘A todo dar’ goza de un cierto éxito y está a punto de cumplir una década. Pero en el mundo del espectáculo (y la TV es más que nada espectáculo) todo está en la puesta en escena, en la forma de adornarse para decir las cosas. En la versión que nos entregó el nuevo programa de TC,  ‘A todo dar’ se pinta como un fenómeno de cultura de masas del cual está pendiente todo un país y cuyos cambios, escándalos y conflictos son el centro de atención de la prensa, la crítica: de todo el mundo, en definitiva.

Para sostener tal cosa, se contó con las entrevistas a conductores, productores, modelos y ex modelos del “programa que es como estar en una discoteca”, según la versión de uno de los involucrados. Sin embargo, el recurso no superó ni explicó ausencias notables como la  de Sonia Villar o El Comandante, quien reemplazó a su asesinado hermano, Marco Vinicio Bedoya.

Pero la rigurosidad no es necesaria para el objetivo de crear una mitología propia,  donde figuran un cuasi santo, el mismo Bedoya, de quien una de las modelos dice: “Es la estrella que guía ‘A todo dar’”; y sus mártires, las modelos caídas durante el transcurso de estos casi diez años. Así las cosas, presentar temas como el de las modelos-damas de compañía o las pequeñas rencillas internas asegura  que el televidente tenga la idea de “pobres chicas”, lo que les toca pasar... Exacto: ‘El precio de la fama’.

En la creación de una mitología no puede faltar la idea de que todos comparten la nueva fe.  Por eso llovieron las frases como “todo el país hablaba de” (peleas entre modelos y presentadores), “su participación en ‘Guayaquil caliente’ y su relación con Dalo Bucaram hicieron que todo el país la conociera” (sobre Gabriela Pazmiño), “su impacto fue tal que aparecieron en portadas de revistas, programas de TV...” (sobre Ta’ Dominado), “la crítica auguró que sin Ta’Dominado, ‘A todo dar’ se caería”, “todos los demás programas (de variedades) han sido copias baratas (sic) de ‘A todo dar’”. Lo interesante es que en cada uno de estos casos no se muestra ningún material que avale tamañas afirmaciones.

Es lo de menos, el verdadero precio de la fama es creer que todo el mundo gira alrededor del propio ombligo. Y en eso, TC acaba de dar toda una lección.

La caja

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