Domingo 12 de febrero del 2006 La caja

‘La población exige que... ¡Kofi Annan juegue en la Selección!’

Existe una relación muy estrecha, íntima se puede decir,  entre televisión y encuestas. Como en un plan de viaje, la luna de miel incluye tres “actividades”: las consultas callejeras, las encuestas instantáneas en pantalla y los ratings. Todas ellas son herramientas con las cuales la TV construye seudorrealidades o realidades mediáticas,  como bien lo señala Giovanni Sartori, el analista italiano que escribió ese libro fundamental llamado Homo Videns.

No hablaremos de ratings por ahora. De lo demás, en el país hay abundantes ejemplos: mientras en el set del noticiario de la comunidad de Ecuavisa (señal Sierra) conducido por Félix Narváez se está debatiendo sobre el tránsito en la ciudad, una cámara dispuesta en una avenida capta el momento mismo del choque de un pequeño camión contra un poste. El reportero acude al lugar del accidente y mientras algunas personas ayudan al malogrado chofer a salir de la cabina, pregunta: este sitio es muy peligroso, ¿verdad? Los curiosos que están en el sito, como no puede ser de otra forma, responden “que sí y que es hora que las autoridades tomen medidas”, y etcétera. Muchas de las personas que están ahí ni siquiera saben bien lo que ha sucedido, pero el periodista recoge opiniones que avalen la hipótesis prejuzgada: el peligro acecha en las calles.

Todas las semanas se tiene a los reporteros que acuden a los hospitales públicos, a las colas en el IESS y a otros lugares en busca de las opiniones callejeras que transformen mágicamente sus propias opiniones en noticias. La fórmula de santificación es “la gente opina”, “los afiliados exigen”, “los usuarios reclaman”, “la población de XX se expresa”. Y no hay  tal, en  el mejor de los casos es la opinión de tres, cuatro, cinco personas que nadie con un mínimo de seriedad puede sostener que representan  la opinión mayoritaria,  y menos la colectiva. Lo nocivo es que,  pese a no tener representatividad, las encuestas callejeras tienen un alto impacto en la formación de la opinión pública.

El viernes, la BBC divulgaba un estudio cuya principal conclusión es que tendemos a formar nuestros gustos siguiendo las opiniones de los demás. Según la investigación eso podía explicar el éxito de ciertos discos, libros o películas. Pero es posible ir un paso más allá y decir que las creencias de los demás tienen una influencia muy grande en la formación de juicios de todo tipo. Es decir, ante el desconocimiento de algo tendemos a asumir lo que creen los demás. Las encuestas callejeras y las consultas en pantalla tienen esa consecuencia.

El problema no es solo con las encuestas realizadas en la calle.
El viernes, en ‘Contacto directo’ se preguntaba cuál debería ser la reacción del Gobierno ecuatoriano en el impasse diplomático con Colombia . Una televidente llamó para decir que la próxima vez el Ecuador debe atacar los aviones colombianos y derribarlos. Habrá mucha gente que piense lo mismo, sin entender claramente de qué se trata el problema, la dimensión del conflicto y las posibilidades que tiene el Gobierno ecuatoriano.

En Teleamazonas, en cambio, se interrogó sobre si el conflicto con Colombia iba a agravarse o no. Aunque parezca de Ripley, el presentador utilizó el abrumador porcentaje de respuestas positivas para validar el acto diplomático de llamar al Embajador ecuatoriano en Bogotá. Las opiniones ajenas son contagiosas,  a veces de manera insospechada, es decir, influyendo sobre el mismo “líder de opinión”, el periodista que, además, se percibe a sí  mismo como el depositario de esa voluntad ciudadana.

Que la gente en la calle maneje información completa sería mucho pedir. Se trata de hechos en desarrollo y mal se haría en sacar conclusiones apresuradas. En lo personal, para escribir este artículo he revisado la mayor cantidad de información posible y siento que aún no comprendo todos los factores en juego. El tema es muy complejo, pero el viernes todos los presentadores y entrevistadores (contagiados por sus entrevistados) sostenían que todo se explicaba con una simpleza del estilo “Uribe está en campaña”.

¿Qué valor tiene pedir que la gente se pronuncie inmediatamente sobre un hecho que está en desarrollo y sobre el cual no tienen información completa?  Javier Darío Restrepo, el experto colombiano en ética, sostiene que “las encuestas callejeras de la televisión son un recurso pobre y de nulo valor informativo, apenas si  alcanzan a ser una nota pintoresca cuando recogen las reacciones del público frente a un hecho de gran importancia. Si la encuesta, técnicamente hecha, solo se puede utilizar con precauciones, este   intento de encuesta carece de todo valor informativo”.

Los cuestionamientos son abundantes. El italiano Giovanni Sartori (autor del Homo Videns) dice: “Los sondeos nos asfixian porque los estudios no cumplen con su deber. Los expertos en sondeos se limitan a preguntar ‘¿qué piensa sobre esto?’, sin averiguar antes lo que sabe de eso, si es que sabe algo. Sin embargo, el núcleo de la cuestión es ese”.

En el mismo consultorio ético de Restrepo (http://www.fnpi.org/) el periodista César Chamán Alarcón, de El Peruano, planteaba el siguiente caso: “El presentador de un programa de televisión anunció una ‘encuesta reveladora’ y sacó una cámara a la calle, en vísperas del partido Perú-Brasil por la clasificación al Mundial, para preguntar: “¿Qué opina usted de que el astro Ronaldinho, lesionado, sea reemplazado por el delantero del Palmeiras Kofi Annan? La verdad es que la gente más humilde y poco informada fue la que cayó”.

Aparte de la terrible falta de ética de un presentador que se burla sin ninguna consideración de su audiencia (hemos visto cosas parecidas en la TV ecuatoriana), el caso nos pone con total dramatismo ante el mismo  evento de opiniones sin sustento.

Metafórica y televisivamente, a través de las encuestas callejeras, ¿cuántas veces se ha puesto a Kofi Annan jugando en cualquier equipo del planeta y sin ningún afán de broma?

Y todo con el único afán de autopromocionarse como los recolectores de la opinión ciudadana. Algo que a luz de los hechos es bastante dudoso.

Dos formas de encuestas televisivas que actúan como distorsionadoras de los acontecimientos: los sondeos en la calle y las consultas inmediatas en la pantalla. En la calle se interroga a los desprevenidos transeúntes para preguntarles cualquier cosa, más para avalar las opiniones del reportero que para otro fin. En las consultas telefónicas se interroga sobre hechos que están en desarrollo. En las fotos, tres ejemplos de estas prácticas.

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