Jueves 09 de febrero del 2006 La caja

La fuerza y la tragedia de los medios globales

El diario danés Jyllands-Posten publicó en septiembre pasado doce caricaturas de Mahoma. Los musulmanes consideran que la sola reproducción de alguna imagen que represente al profeta es sacrílega. Los directivos de la publicación declararon que lo hicieron como un experimento: “Para ver si los caricaturistas políticos podían ser tan duros con el Islam como lo son con otras religiones”.

El editor de Cultura del Jyllands-Posten, Flemming Rose, que encargó y publicó las doce caricaturas de Mahoma, lamenta el efecto en los países musulmanes pero no se siente responsable de las protestas violentas. El autor de las viñetas permanece anónimo. Cuando, la reacción de los líderes espirituales del Islam obligó al gobierno danés a una disculpa, los dibujos comenzaron a ser reproducidos en Austria en enero, y luego a comienzos de febrero en varios periódicos de Francia, Alemania, Italia y España. Era la reacción de la prensa europea a lo que consideraban un ataque a la libertad de expresión.

Justamente, un intenso debate se ha dado sobre la libertad de expresión versus la responsabilidad en el respeto a las creencias religiosas, que es lo que ha predominado en estos momentos. Pero, en este momento verse el ombligo ya es insuficiente. La violencia se ha desatado ahora, cinco meses después, en varios países musulmanes, como Siria, Afganistán, Irán y Líbano. Como bien dice el primer ministro de Dinamarca, Anders Fogh Rasmussen: “Nos enfrentamos a una creciente crisis global (...) necesitamos resolver este tema a través del diálogo, no de la violencia”.

Si bien en las violentas reacciones frente a las caricaturas danesas hay otros factores que sería largo enumerar, los hechos nos ponen de frente a la globalización que aparecía como algo etéreo, el episodio se ha  encargado de asentarla sobre la tierra y una vez allí, el papel de los medios de comunicación aparece en todo su poder. En este momento, aquello de “medios locales” de alcance limitado es por lo menos unidimensional. No son únicamente los grandes conglomerados de medios –no es solo la CNN, por hablar de una cadena– los medios de alcance mundial. Todos los medios son a la vez parte de un enorme rompecabezas global. Sus responsabilidades o irresponsabilidades pueden tener repercusiones de impacto mundial. ¿Se ha reflexionado en lo que eso significa?

¿Se ha pensado dos veces, por ejemplo, en lo que se está haciendo cuando en muchas notas de los informativos de TV sobre el reciente incidente con Colombia se recae en el patrioterismo barato, la épica y las frases hechas hasta construir algo muy parecido a un clima prebélico?

Y está el otro hecho global que funciona como una advertencia. Aquella tragedia que habla de cómo la TV por sí misma se ha transformado en un valor (¿o antivalor?) de masas: 90 personas murieron y 350 resultaron heridas en los alrededores del estadio Ultra de Pasig, en Filipinas, cuando 30.000 esperaban para ingresar a la grabación del programa ‘Wow Wow Wee’, de la cadena filipina de TV ABS-CBN, que iba a celebrar su primer aniversario con premios extraordinarios.

Toda una lección, aunque sea en el sentido más evidente de la tragedia.

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