Julio Jaramillo volvió a cantar en la pequeña pantalla. Teleamazonas hizo la reposición en horario estelar (21h15) de la producción dirigida por César Camigniani. Buen casting, guión con sus vacíos (casi es la marca de fábrica de las producciones nacionales), adecuada ambientación. En general, los aspectos técnicos están muy bien cuidados y los elementos narrativos y de intensidad dramática sin ser un dechado de virtudes, dejan la sensación de una serie que se puede ver, sin mayores sobresaltos.
Y dejan también, una reflexión. ¿Será que en el Ecuador, durante los años noventa se hizo mucha mejor producción dramática que la que se puede apreciar hoy día? Y otra vez: ¿por qué? ¿Qué sucedió? Un tema para debatir, si existe algún espacio que pueda hacerlo, claro.
El bostezón de los sábados
Para demostrar el retroceso o por lo menos el estancamiento, allí están estrenos como ‘El Sabatón de Sharon’. Un programa de concursos común y corriente, como se viene haciendo desde siempre. Como lo ha hecho el mismo Polo Baquerizo, a quien se lo reempaqueta para que su añejo y persistente ‘Haga Negocio conmigo’ se emita luego del espacio de la ex cantante de tecnocumbia (ahora, su estilo es indefinido, valga la crítica musical).
‘El Sabatón’ se parece a ‘A todo dar’ como una gota de lluvia a otra. Y los dos están inspirados en el quiosco televisivo que abrió el “eterno perdedor” hace décadas ya. ¿Alguna mínima diferencia? Sí, en ‘El Sabatón’ se entregan premios más sustanciosos comparados con el esquema de 10 dólares del espacio vespertino diario de TC. Y en ‘El Sabatón’, Sharon nos hace sufrir con sus insufribles dotes actorales y las nulas cualidades humorísticas. Lo peor del programa es el montaje de algo que pretende ser sketches cómicos y que son una sola cosa: Sharon jugando con la imagen de una ingenuidad cuasi infantil (es su obsesión), mientras mueve con exageración el trasero ante la cámara. No existe coherencia alguna en los diálogos y los chistes brillan por su ausencia. Me imagino que al “mosquito” Mosquera, se le caerá la cara de vergüenza. La imagen que releva de cualquier comentario adicional.
Los niños y las chichis
Ya que se habla de premios y de ‘A todo dar’. Que las bromas y dobles sentidos, son inocentes, dicen los animadores y reconocen que hay niños viéndolos. Una pura hipocresía de viernes, que se da luego de un concurso donde se califica el movimiento de trasero de varias jóvenes.
Entonces, a la agraciada ganadora (que a primera vista, no necesita ningún retoque) se le pregunta: ¿qué harás con el premio? Y –como no podía ser de otra forma– dice: “arreglarme las chichis”. El efecto contagio.