En la columna del viernes pasado se calificaba a la entrevista televisiva que se hace hoy en el país como “el arte perdido de la buena conversación”. Pero faltaba algo muy importante en el análisis: explorar el otro lado.
Hace doce años, en 1994, un personaje canoso y sin barba se sentaba en el pequeño escenario de un auditorio estudiantil con Paul Newman. El personaje era James Lipton, actor, director, coreógrafo, autor, productor y además vicepresidente del consejo del mítico Actors Studio neoyorquino, escuela creada por Lee Strasberg y que formara a artistas tales como James Dean, Shelley Winters, Anne Bancroft, Dustin Hoffman y Jack Nicholson.
Pocos se imaginaban que James Lipton (ahora con barba) iniciaría uno de los clásicos contemporáneos más memorables de la TV mundial: ‘Desde el Actors Studio’... Lo interesante es que el programa saltó a la celebridad desde la casi marginal cadena estadounidense llamada Bravo TV. ‘Desde el Actors Studio’ se transmite en el Ecuador por televisión pagada, a través de Films & Arts.
¿El secreto del éxito? Entrevistas personales, coleccionables, plenas de anécdotas y homenajes a actores, directores y músicos que se confiesan frente a un auditorio de cientos de alumnos. Hoy, casi 200 invitados después, ‘Desde el Actors Studio’ cuenta con fanáticos, críticos y una colección de instantes memorables. Hasta ‘Saturday Night Live’ (Sony Channel) tuvo su parodia en la cual Lipton era imitado por Will Ferrell.
¿Qué es lo que se ha hecho para llegar a ese punto? El ritual semanal es simple, pero muy riguroso: Lipton elige al entrevistado, investiga sobre él durante dos semanas (lo que incluye la revisión de todas y cada una de las películas en que el actor/director hubiera participado) y prepara de puño y letra la pila de cartones azules que lleva consigo. El ambiente que se crea es de halago: los artistas se sienten cuidados, homenajeados de principio a fin y tal vez por eso se sueltan para responder a sus anchas. Pronto, el poder ser invitados al selecto escenario se volvió una meta de consagración para sus carreras.
Pero Lipton no está solo. Él se ha declarado un admirador de una figura mítica de la TV mundial, el francés Bernard Pívot, autor de las entrevistas más memorables que se hayan hecho en pantalla. El conductor de ‘Apóstrofes’ desarrolló el célebre Cuestionario Pívot, con el cual Lipton cierra cada uno de sus programas. Se trata de preguntas simples, pero que revelan aspectos clave de la personalidad de los invitados. El cuestionario se suele cerrar así: “Si el Cielo existiera, ¿qué te gustaría que te dijera Dios al llegar?” Ante lo cual las respuestas han ido desde la balsámica de Gabriel Byrne (“¿Ves? ¡Existo!”), a la irónica de Alan Alda: “Solo estaba bromeando con esos terremotos”.