Viernes 03 de febrero del 2006 La caja

El perdido arte de la buena conversación

Si algo está claro de la actual situación de la política en el país es que hay poca posibilidad de diálogo, discusión y acuerdo. La televisión es el espacio público de discusión política más importante de nuestra época. Entonces, ¿qué parte de responsabilidad le toca asumir? Mucha: en la televisión los espacios de calidad para el diálogo son pocos, lo cual es curioso porque no existe noticiero matutino que no incluya varias o por lo menos una entrevista.

La tónica y el ritmo lo marca Carlos Vera. Su estilo incisivo o bronco (con sus altibajos) es tratado de imitar casa adentro y casa afuera. No siempre, por supuesto. Entrevistadoras y entrevistadores como Luisa Delgadillo, Fernando Aguayo, Javier Segarra y Andrés Carrión tienen estilos más complacientes, reflexivos o contemplativos, depende de la vara con la cual se los mida...

Pero el vacío está más allá de los estilos personales. La sucesión de entrevistas que pueden durar de entre 2 a 15 minutos, en las que se intercalan opiniones, comentarios y largas exposiciones de los entrevistadores, no permite otra cosa que dar un somero vistazo a retazos de la realidad y, en el mejor de los casos, obtener alguna respuesta a las preguntas más apremiantes de la actualidad.

¿Es una cuestión de presión debido al famoso tiempo televisivo? Tampoco... La programación de Cable Noticias (Canal 3 de TV Cable) incluye abundante oferta de espacios cuyo formato consiste en largas entrevistas. Entre los conductores hay periodistas de tanta trayectoria como Patricio Quevedo o tan reconocidos como Gonzalo Ruiz. Sin embargo, estos espacios se quedan en la sucesión de personajes con quienes se establecen intercambios verbales poco memorables. Todo por un detalle: la cámara estática en sets sin imaginación.

En su extraordinario artículo sobre la entrevista televisiva, Jordi Balló, de La Vanguardia, dice: “... la raíz de la entrevista filmada estriba en que no se registra solo el cuerpo y la voz del que es interrogado sino justamente su relación con la cámara y con el realizador que está tras ella. Esta idea me parece fundamental: lo que vemos en un personaje entrevistado es su relación con un mediador que puede estar fuera de campo, que es invisible porque es el que narra. Este carácter de mediación es lo que permite que el arte de la entrevista evolucione por senderos imprevisibles y muchas veces fructíferos. En el programa totémico Apostrophes de Bernard Pivot, todo descansaba en la capacidad de empatía entre el entrevistador y su invitado”.

Justamente: la incapacidad de establecer primero una relación realizador-entrevistador-entrevistado. Y segundo, la empatía indispensable para el arte de la buena conversación; es lo que produce esa sensación de que en la TV ecuatoriana, el diálogo es algo que se  perdió hace mucho tiempo.

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