Jueves 02 de febrero del 2006 La caja

La mejor televisión y la caducidad de los límites

El martes por la noche, Teleamazonas emitió un programa llamado ‘Lo mejor de la TV’, un compendio de los programas más descabellados, la publicidad más estrambótica y las escenas más alucinadas que se emiten en las pequeñas pantallas del planeta.

¿Pero es lo mejor o lo peor de la TV? La respuesta bien puede ser al estilo Woody Allen:  “¿En relación con qué?”.

En ‘Lo mejor de la TV’ se pueden ver tipos que se estrellan de cabeza contra puertas como parte de un concurso, asiáticos semidesnudos que deben morder un pan mientras los empuja un ventilador gigante. Familias que compiten para que sus automóviles no sean triturados. Parejas que compiten por una luna de miel ridiculizándose mutuamente en público. Un reality que consiste en robar autos con dispositivo satelital y hacer que la policía los persiga mientras 26 cámaras no pierden detalle: si el ladrón no es alcanzado, en cierto tiempo, se queda con el auto, de lo contrario, pasará diez años en la cárcel...

Y la publicidad no se queda atrás, tanto que uno de los juegos de ‘Lo mejor de la TV’ es pedir a los espectadores que adivinen qué productos se quiere promocionar con ciertas imágenes. Invariablemente, la respuesta correcta es la menos imaginable.

Vivimos en una sociedad mediática, donde el principal valor (el que está reemplazando a los demás) es aparecer en televisión a costa de lo que sea. ¿Para qué? Para reclamar esos 15 minutos de fama que, como vaticinó Andy Warhol, tendríamos todos algún día. 

En ese contexto, cualquier límite moral o de dignidad ha caducado. El lunes, en la portada de ‘En Escena’ de este  Diario,  se publicó una información de la BBC de Londres sobre el revuelo que había causado un nuevo show de realidad: ‘Hagamos un bebé (Let’s make a baby)’. De hecho, se trató de un falso reality, simulado por el tercer canal de la BBC para indagar hasta dónde es capaz de llegar la televisión en la pelea por las audiencias.

La polémica está servida. Según la BBC, el profesor  David Wilson, quien renunció a su puesto como asesor del programa ‘Gran hermano (Big brother)’ por razones éticas, cree que “la telerrealidad no solo está reinventando los espectáculos de monstruos, se trata de morbosidad. Son el equivalente de detenerse para ver mejor un accidente, es querer ver la miseria de otra gente”.

“El precio de atraer grandes audiencias y la oportunidad de conseguir una buena suma de dinero parece desactivar la escala de valores de alguna gente”, señala Alan Hayling, director de documentales de la BBC. “Gente muy inteligente está operando dentro de un vacío moral”, añadió.

Y aunque el experimento de la BBC sea muy significativo, basta ver las imágenes de ‘Lo mejor de la TV’ para entender que la caída es en picada.
Lo cual plantea una cuestión: Está bien, todo –absolutamente todo– es utilizable para hacer un “show” de televisión, pero, ¿qué tan legítimo es hacerlo sin sujetarse a algún límite?

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