lunes 30 de enero del 2006 Columnistas

Simón Pachanospachano@yahoo.com

Efecto demostración

Los economistas, que suelen acusar a los sociólogos de hablar en lenguaje difícil, dicen que existe efecto demostración cuando quieren referirse a imitación y contagio. Según esto, buena parte de las tendencias económicas se podría explicar por la reproducción de comportamientos ocurridos en otras latitudes o en otros grupos sociales. El mundo de la moda, uno de los pocos que no presentan grandes sobresaltos en la economía mundial, sería el mejor ejemplo del famoso efecto. Pero el impacto va más allá de esas expresiones que más bien ocupan las secciones de sociales y no las de negocios de todos los tipos de prensa. Los países y las personas tenderían a acoger lo bueno y lo malo de otros lados y así se configurarían las corrientes económicas.

Ahora ya no son solo los economistas quienes piensan así, sino que a ellos se han sumado los políticos, los comunicadores sociales y cuanta persona anda desesperada por el sentimiento de ser parte del pelotón que marcha en el propio terreno. La elección de una mujer y de un dirigente de origen indígena para las presidencias de Chile y de Bolivia, respectivamente, ha puesto a volar la imaginación para tratar de descubrir la mejor manera de reproducir aquí esas experiencias. Encontrar un Evo o una Michelle es la consigna del momento (que, extrañamente, la enarbolan tanto los forajidos cuanto los partidos odiados por ellos). Unos ya han hallado al personaje, otros seguirán en la búsqueda, unos más tratarán de parecerse a los modelos por imitar, aunque para cualquiera de esas opciones deban hacer peregrinación a Panamá o adonde sea necesario. En fin, todo consiste en seguir el modelo, porque ya es una convicción que ha llegado la hora de los indígenas o de las mujeres o de la izquierda o, mejor, de todas esas expresiones juntas.

Lo que no se quiere ver desde esa perspectiva –y los economistas lo saben cuando hablan de efecto demostración– es que el contexto resulta determinante para que fructifique una tendencia. Una Michelle Bachelet se explica en un entorno de instituciones sólidas, entre las que se cuentan partidos fuertes y gobiernos alejados de cualquier forma de populismo, que han sido capaces de ofrecer resultados positivos en lo económico y en lo social. Es el triunfo de una larga historia de política formal y hasta cierto punto aburrida. Un Evo Morales es posible, por el contrario, en un medio en que se han erosionado las instituciones, donde los partidos han desaparecido, las condiciones de vida de la mayoría de la población son dramáticas y, detalle no menos importante, los indígenas constituyen el primer grupo étnico del país. Es el triunfo de la política informal, de la protesta de un pueblo que no aguanta más.

Difícil, si no imposible, encontrar procesos tan diferentes. Por ello, tomarlos como modelos a seguir sin atender a las condiciones que los produjeron será algo más parecido a la adopción de una moda pasajera que la confirmación de una tendencia. Será escoger el encanto de las páginas de sociales.

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