Para la nueva temporada Ecuavisa anuncia una gran cantidad de cambios y nuevas producciones. Siempre es una buena noticia que un canal le apueste a la producción propia; sin embargo, a estas alturas las producciones ecuatorianas debieran estar en un nivel elevado. Finalmente, TC, Teleamazonas (en una época) y la misma Ecuavisa vienen haciendo producciones dramáticas desde hace quince años, por lo menos.
Lo terrible es que se permanece en el mismo nivel de principiantes. Vale revisar lo que está sucediendo con una telenovela como ‘Amores que matan’. Los personajes son planos y poco convincentes. Así, la pareja sobre la cual supuestamente gira la trama (Wagner y Norma) no transmite ningún sentimiento entre ellos, menos pasión en la pantalla. Es una constante, las historias de amor en esta teleserie no tienen la más mínima intensidad o realismo, por lo cual las escenas amorosas son por lo menos aburridas.
Para tratar de ocultar las fallas en la construcción de personajes y en la continuidad de los recursos se cambia el tono continuamente de drama a una comedia que descansa (como no) en la ambigüedad sexual de Ruperto, exagerada y deformada hasta la saciedad, lo cual resulta más desagradable que cómico. En contraste, lo que sí llama a la risa son las escenas que debieran estar llenas de carga dramática e incluso trágica: el incendio inicial y en los últimos capítulos la bomba en el diario La Roja. En este apartado mención especial merecen las “actuaciones” del villano, sin ninguna fuerza actoral.
Una evaluación internacional
Lo curioso es que Ecuavisa le apostó fuerte a esta producción, lo cual no se refleja en la calidad del producto que se puede ver en pantalla.
¿Se está exagerando? Algunos productores internacionales de TV que evaluaron la telenovela (el argentino Jorge Retis) comparten muchas de las ideas que se expresaron en esta columna cuando se estrenó la telenovela: “Los decorados parecen despojados. Falta utilería, dirección artística, escenografía, extras. Las escenas en La Roja parecen desiertas. La oficina donde trabajan las protagonistas (supuestamente un diario exitoso) no parece una sala de redacción sino un Spa que recién empieza”.
Y la conclusión final es lapidaria: “Amores que matan’ es un producto con graves problemas de realización, guión, tono y posproducción. A veces parece que la trama durara el doble por lo lenta que se registra...”.
La pregunta inicial persiste: ¿por qué después de tanto tiempo de estar haciendo producciones dramáticas se siguen presentando chapucerías de principiantes?