Vuelvo al tema del teatro de la Casa de la Cultura del Guayas, que jamás fue construido pues el Congreso escamoteó la asignación económica respectiva. Eso a pesar de que sus cálculos estructurales y presupuesto figuran en los planos presentados por el arquitecto Guillermo Cubillo Rennella y aprobados por el Directorio del Núcleo, encabezado por el presidente fundador, Dr. Carlos Zevallos Menéndez. En ellos figuran las siguientes dependencias: Gran Teatro, Salas de Cine y Cine Foro, Escuela de Ballet, Museo Arqueológico, Museo de Oro, Salas de Exposiciones, Sala para Conciertos de Cámara, oficinas, cafeterías, bodega, etc. La historia de este zarpazo contra la CCE del Guayas es una muestra de hasta dónde pueden llegar la mezquindad y el centralismo. Con las razones de la sinrazón la Cámara de Representantes resolvió no entregar los fondos asignados para el teatro. Borró con el rabo lo hecho con la mano. Los señores diputados resolvieron anular la Resolución aprobada unánimemente por la Cámara en la Sesión Solemne efectuada el 8 de octubre de 1980 y publicada en el Registro Oficial Nº 304 del martes 28 de los mismos mes y año. El homenaje a Guayaquil –en su fiesta mayor– fue reemplazado por una vejación extrema.
El argumento para este asalto a la cultura que protagonizaron los parlamentarios era la carencia por la CCE de planos y estudios sobre la construcción. Tal falacia fue desenmascarada con la inmediata entrega a la Cámara de 21 fotocopias de otros tantos planos confeccionados por el arquitecto Cubillo para la construcción del teatro en el solar utilizado actualmente como parqueadero de vehículos.
Pero de nada han valido hasta hoy las protestas y denuncias acogidas por todos los medios de comunicación y por los que aman a su ciudad.
Imposible olvidar que el teatro es al mismo tiempo semillero de los ideales y la pasión del hombre de todas las ideologías y razas; que el destino de los pueblos está ligado a las luchas que fueron inicialmente el poema, la danza, la canción, y la rebelión de cada día.
Tengo la certidumbre de que la actual administración del Núcleo proseguirá la batalla por sus derechos vulnerados por la sinrazón burocrática de la fuerza, pues “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”.