El agente Juan Galaviz acababa de comenzar su ronda matutina cuando lo llamó un despachador de la Patrulla Fronteriza. Un grupo de inmigrantes ilegales había activado uno de los miles de sensores subterráneos de la frontera de Texas con México.
De inmediato, Galaviz condujo su camioneta deportiva hacia un mosaico de campos, huertos y canales de riego en Fabens, un lugar favorito para los ilegales que se infiltran por la frontera, a poca distancia hacia el este de El Paso. Para ese lugar también se dirigieron a pie otros agentes en busca de rastros del grupo.
Esas marcas -como las huellas de los zapatos en senderos poco transitados y salpicaduras de agua en las paredes del canal- son las herramientas que los agentes emplean para la indagación.
Para ellos, que tienen a su disposición tecnología costosa, saber cómo seguir a una persona por las huellas de sus zapatos en la arena, ramas de árboles rotas o piedras volcadas, pueden ser algunos de los instrumentos más valiosos.
Es algo a lo que siempre recurrimos, manifestó Kevin McCrary, un agente de la Patrulla Fronteriza que ha trabajado en el área de Santa Teresa, en el estado de Nuevo México, durante unos diez años, y entrena a otros colegas a seguir las pistas de los inmigrantes.
La clave, sostiene McCrary, es encontrar señales frescas y anticiparse a los infiltrados tras la frontera. Una vez que los agentes detectan un indicio, su objetivo es rodear a los inmigrantes.
Todos los uniformados de este grupo especial están entrenados para hacer esto.
La lluvia y el viento suelen borrar las huellas de los pies, pero a veces ayudan a determinar cuánto tiempo tienen las pisadas que no han desaparecido por completo, indicó.
Las personas que cruzan la frontera ilegalmente emplean numerosos trucos para despistar a los agentes, como ramas de árboles para borrar sus pisadas o disimular la dirección que han tomado.
Un grupo se ató cojines de espumaflex en sus pies, otro incluso esculpió huellas de pezuñas de vaca en madera y las pegó a sus sandalias, dijeron los agentes.
Cuando los inmigrantes activaron el sensor subterráneo en Fabens, los policías encontraron sus pisadas en cuestión de minutos. Las huellas frescas dirigieron a los agentes por un laberinto de canales de riego profundos que conducían a un escondite, donde estaban 13 indocumentados.
McCrary dijo que esos arrestos son comunes, y que en general se dedican a buscar los rastros de los indocumentados.