martes 17 de enero del 2006 Columnistas

Las inocentadas

“Yo te prometo: busca quién te dé”, dice un cínico refrán que calza perfectamente con la manera de obrar de la mayoría de gobernantes del mundo.

Como prometer no cuesta nada, silencian los clamores populares mediante palabras que se lleva el viento. Que ascienden como globos hasta perderse de la vista del hombre esperanzado neciamente en el cumplimiento de la palabra de un Estado que no tiene palabra.

La Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, Núcleo del Guayas, es una de las víctimas de este tira y jala que tiene mucho parecido con otros juegos infantiles como el de la gallina ciega y el por inocente. Con la diferencia de que no se trata de un juego más, sino de un engaño malicioso en lo referente a los derechos fundamentales de la institución encargada de suscitar, promover y difundir la cultura de la patria.

Desde su fundación, la entidad ha sido privada de cumplir una de sus tareas esenciales porque jamás se construyó el teatro contemplado en los planos del edificio y sus dependencias. La historia de la Casa de la Cultura del Guayas constituye una suma de engaños del Estado.
Como una muestra de que no es nueva la despreocupación de nuestros mandatarios por los eventos de la cultura, reproduzco la declaración formulada el 21 de enero de 1981 en Canal 2-Quito al periodista Diego Oquendo por el director de la Comisión de Presupuesto del Estado.

Allí dijo el señor Galo Valle que no se había podido financiar la suma asignada en el Presupuesto para iniciar la construcción del teatro: “Esto no fue financiado. Sin embargo nosotros, por elemental sentido de respaldar las resoluciones de nuestra misma Cámara, hemos respetado todo a medida de nuestras posibilidades económicas. Si se pidieron veinte millones… pues justamente aquí tengo el reporte que dice: “Construcción del teatro de la Casa de la Cultura de Guayaquil, primera etapa, quince millones de sucres”.

Es decir, apenas se suprimen cinco millones. “Y estamos haciendo constar exclusivamente para la primera etapa. En la segunda etapa pueden ponerse los 15 millones o más o los que sean requeridos para la terminación de la obra”.

Proseguían, de ese modo, los engaños y los juegos infantiles. Los dirigentes del Núcleo debían viajar a Quito para preguntar por el dinero asignado y recibían la respuesta: ¡por inocente!  Era la fórmula clave utilizada por los congresistas de turno, integrantes de las comisiones de Presupuesto del Parlamento y otros burócratas de alto rango.

Han transcurrido 25 años  de la anécdota aludida en esta botella.

¿Hasta cuándo debe seguir este juego de preguntas sin respuestas?

Columnistas

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.