Martes 17 de enero del 2006 La caja

Luz y palabras de aliento

Gestos graves y adustos. Un dibujante retrataría la escena con todos los personajes manteniendo las líneas de sus bocas hacia abajo.  No es exageración: desde el Presidente de la República, hasta los edecanes militares, secretarios y funcionarios del Congreso, todos mantuvieron el gesto de sus bocas hacia abajo denotando gravedad, mal humor, tristeza... El país no está para ensayar algún gesto más amable, menos una sonrisa.

Los rostros y cuerpos no pueden mentir ante las cámaras; por eso fueron evidentes la tensión y el mal humor imperantes, durante el informe (el primero, el último y el único) del Presidente Palacio ante el pleno del Congreso.

En las instancias oficiales de la comunicación sabían lo que se venía. Probablemente por eso decidieron intercalar en el discurso presidencial slides de un Power Point, donde se iban reiterando ciertas frases del informe. Y la desesperación: cuando el Presidente habló de  la libertad de expresión, en el Power Point se leyó en letras mucho más grandes:
“Necesitamos palabras de aliento”. ¿Alguien tiene alguna idea al respecto? Quizás lo mejor sea el consuelo mutuo: ya solo queda un año...

 En lo estrictamente visual, el mensaje presidencial tuvo dos ventajas: la luminosidad del Palacio de Cristal en el Itchimbía contrastó con la oscuridad rojiza y deprimente del pleno del Congreso, donde habitualmente los presidentes de la República daban sus informes antes del incendio del edificio legislativo.
El segundo elemento positivo fue el buen manejo de cámaras: grúas, primeros planos y planos medios de los invitados dieron variedad a un discurso repetitivo y con pocos logros que exhibir (lleno de metas tan  contundentes como: “Hemos dado ¡500.000 dólares! a la Policía para equipamiento de movilización”).

Los bostezos de la tarde
En fin, minutos y minutos de TV que de cansinos se transformaron en interminables, conforme avanzaba el tiempo.
Entonces, los edecanes militares abandonaron el gesto que mantenía su línea de la boca hacia abajo y comenzaron a demostrar cansancio. También los funcionarios del Congreso relajaron sus rostros, mientras invitados y diplomáticos cerraban brevemente los ojos.

Al final, tibios aplausos. Las grúas y cámaras que enfocaban los primeros planos estaban dedicados a realizar sus últimas tomas. Entonces, todo terminó como si nada hubiera pasado, únicamente el mediodía se había esfumado, aunque esa maravillosa luminosidad del Itchimbía permaneció hasta el final. 

La caja

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