“Apegados a un guión, del cual fue muy difícil sacarlos”. Carlos Vera describió de esa forma la entrevista que mantuvo en Nueva York con los prófugos hijos del fallecido notario José Cabrera, el autor de una de las más grandes operaciones financieras ilegales que se hayan dado en el Ecuador.
¿Pudo sacar Vera del guión a los hermanos Carolina y José Cabrera Gallardo? En pocos momentos. En sutilezas, en gestos, dubitaciones y miradas que trataban de esquivar la cámara. ¿Eso justificó una entrevista que, para la conciencia colectiva del país, sonó a una cachetada? Porque lo del notario Cabrera no solo perjudicó a unos miles de inversionistas, sino que sumió a toda la sociedad ecuatoriana en la idea de que la corrupción es un pus que se ha regado por todas partes.
Vera corrió el riesgo de la cachetada; otros medios, incluido este Diario, también lo hicieron. ¿Los instantes de salida del guión valieron la pena? ¿En el balance final no pesa más el guión de exculpación, autoprotección, indignación con la profanación de tumbas y los sentimientos filiales? Es difícil decirlo, la cámara puede ser traicionera.
El día miércoles, el diario español La Vanguardia presentó un monográfico llamado ‘A través de la entrevista’. En el apartado de la entrevista televisiva Jordí Ballo explicaba: “La raíz de la entrevista filmada es que no registra solo el cuerpo del que habla sino su relación con la cámara”. Y abunda: “La entrevista filmada, o televisada, tiene la particularidad de poner en tensión lo que se dice con el propio cuerpo del que habla, del que escucha, del espacio que los acoge. Es en la resolución de estas combinatorias de donde surge lo irrepetible, el archivo esencial, la posible verdad”.
Las miradas esquivas
La relación de los Cabrera con la cámara fue cruzada por las dubitaciones y la desconfianza que se manifestaron en esa disposición del cuerpo y las miradas. Por ese lado perdieron. Pero también hubo instantes de dolor e indignación, y allí recuperaron algo de terreno. Todo esto fue más allá de la acción más evidente del entrevistador por sacarlos del guión.
El riesgo de prestarse para la legitimación de los discursos de quienes tienen cuentas pendientes con la justicia hace que muchos medios en todo el mundo tengan la norma de no difundir entrevistas con esos personajes.
En el Ecuador, el asunto es especialmente sensible. Con dos ex presidentes de la República prófugos, uno en arresto domiciliario, otro en la cárcel y uno más que ya cumplió su sentencia. Con un ex vicepresidente también prófugo, con banqueros, ex ministros, ex altos funcionarios también prófugos o en la cárcel; gran parte de la vida política pasa por lo que sucede en las cortes de Justicia.
Se puede argumentar, también, que es necesario en ciertos casos (como en el del notario Cabrera), escuchar todas las versiones para acercarse a la verdad de los hechos. Sin embargo, el peligro de legitimaciones y hasta de victimizar a los acusados de graves delitos persiste.