Miércoles 04 de enero del 2006 La caja

Los astros brillan para todos en este 2006

Echar las cartas y decir que Carlita Sala no deberá preocuparse de nada porque estará regia y que Fidel morirá por mayo, que habrá bodas de “famosos” y que la farándula seguirá viviendo su fantasía...

Aparte de los resúmenes de Año Nuevo, las grandes protagonistas de los finales y comienzos de año son los astrólogos y las astrólogas. En ‘Este lunes’ se echan las cartas luego de los discursos de motivación y optimismo. La adivina es algo más sutil: “yo le doy a la gente esperanza”. Que equivale a un “les digo lo que quieren oír”.

Ese ejercicio de cantos de sirena tiene su costo, por supuesto. Chatee con Alcira Muñoz, solo a 44 centavos más impuestos el mensajito. Con cinco frases que se le hayan mandado a la astróloga de Canal Uno, el crédulo ciudadano habrá invertido lo que cuesta un almuerzo ejecutivo en algún salón de comidas de mediana condición.

Cuarenta y cuatro centavos más impuestos si quiere saber su horóscopo personal del 2006. Para demostrar la seriedad de su trabajo, Alcira, con su perfecto acento del interior de la Argentina,  saca el libro con las posiciones de los planetas y anuncia que Júpiter está en Escorpión: ¡Oh, prodigios de la pseudociencia!, pienso. Y enseguida, “ahora daré el horóscopo de Cáncer, los otros ya los di ayer”… ¡Oh, los quehaceres cotidianos de la TV! Todo a 44 centavos más impuestos por cada mensaje. “¡Chatea! ¡Chatea! Pide Muñoz insistentemente.

El negocio produce. O sino recordemos que ese personaje mayor de la astrología de salón, Walter Mercado,  tiene su propio “call center” y sus equipos de internautas que se ocupan de los mundanos menesteres de echar cartas y horóscopos, mientras el astrólogo de capa y brillo se dedicaba a lo suyo: ser una estrella de TV.

En un programa de la TV Española, que se transmitió el viernes pasado, se encuestaba a una serie de magos y astrólogos que pululaban en calles y parques. Bajo los efectos de ataques de sinceridad, admitían que de adivinar el futuro, nada de nada. Que todo era un hábil palabreo que en todo caso tiene la virtud de dar esperanza y consuelo a los necesitados de espíritu. Aquel, “les decimos lo que quieren oír”.

Y eso es la parte esencial del asunto: un discurso de “positivismo”, “buenas vibraciones”, “los astros van a ser favorables”. Todo mezclado con algo de sentido común: “La utilización de tus recursos económicos es un tema que no debe ocuparte tanto, simplemente recorta los gastos, y verás cómo solucionas de raíz el problema. A través de la liberación de tensiones vendrá la calma que necesitas”.

En realidad, consejos así no le hacen mal a nadie. La cosa cambia cuando los magos y magas se convierten en personajes mediáticos. En protagonistas televisivos. Entonces, la superchería se vuelve un asunto colectivo. Y para algunos en un buen negocio de 44 centavos más impuestos, cada mensaje.

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