Nos encontramos ante una sociedad exigente ante el hecho de aprender.
Si bien es cierto que el desarrollo de los pueblos se ha dado gracias a los educadores, lamentablemente en nuestro medio el 40% de docentes no hace esfuerzos por lograr esta meta. Si todos los maestros analizaran que la educación no es solo un proceso instructivo, sino también formativo, encontrarían actividades en las cuales podrían desarrollar en los niños diferentes áreas como son: autoestima, participación, perseverancia, tenacidad; habilidades muy importantes que ayudan a formar la personalidad del individuo. En cuanto al ambiente familiar, padres y madres son los educadores principales de sus hijos, y el afecto es el factor primordial para generar confianza en ellos.
María José Palomeque Zúñiga
Guayaquil