Existe un estudio que señala que un niño estadounidense puede llegar a ver hasta 10.000 imágenes de anuncios comerciales por día.
Eso incluye desde las etiquetas de la ropa, las marcas en los juguetes, carteles y letreros en las calles hasta los anuncios televisivos.
La cifra es escalofriante. Aún si solo fuera la mitad (5.000), significaría que cada hora -de las 14 (en promedio) que permanece despierto- un niño ve 350 imágenes; o lo que es lo mismo: cada minuto, seis imágenes le invitan a ciertos hábitos de consumo.
Con todo y la alternativa que representan los canales enfocados en el público infantil de la televisión de pago, es abrumadora la cantidad de avisos comerciales que se programan: dulces, muchísimos dulces, barbies y todos sus implementos, bratz, my scenes, carros, transformers, juegos interactivos, juegos de salón, la mercadería relacionada con las películas Disney, todo eso para los niños.
Además, muchos spots de detergentes, productos de belleza, champús y tratamientos capilares, para los adultos.
Es curioso cómo sin rubor alguno, la televisión de pago olvidó la promesa inicial de ofrecer una programación de calidad sin anuncios comerciales. Eso era lo que se ofrecía para atraer suscriptores en un principio. Ahora pasa todo lo contrario: horas y horas de programas publicitarios llenan los espacios (sábados y domingos por la mañana, por citar un ejemplo) de gran parte de los canales que uno ha contratado buscando alternativas de calidad en la televisión.
Se puede entender que algunas de estas grandes cadenas necesiten vender publicidad para mantenerse en el negocio. Pero, ¿dónde está el límite, aún más cuando los clientes pagan una suscripción mensual para recibir programación y no horas enteras de publicidad?
¿Niños obesos frente a la TV?
El estudio que se citó fue publicado el 23 de febrero del 2004 y fue elaborado por la Asociación de Psicólogos de Estados Unidos (APA). Uno de los aspectos más preocupantes de la investigación era el dato de que los niños menores de 8 años creen que los anuncios de televisión son verdaderos, exactos e imparciales, lo que les lleva a adoptar hábitos alimenticios malsanos.
Un equipo de seis psicólogos concluyó que estos menores carecen del desarrollo cognitivo necesario para entender el propósito persuasivo de los anuncios y, por ello, son especialmente susceptibles a su influencia.
En Estados Unidos, los anunciantes gastan más de 12 mil millones de dólares al año en publicidad para los niños y un menor ve, en promedio, 40 mil anuncios de televisión durante ese periodo. Los productos más comunes dirigidos a ellos son cereales con azúcar, dulces, refrescos y otros refrigerios.
Todo un reto para los padres, ¿cuántas horas permitimos a nuestros hijos pasar frente a las pantallas? ¿Cuántos anuncios han visto en ese tiempo? ¿Cómo modifica su dieta? Algunos temas para pensar en estas vacaciones de fin de año.