El día miércoles, en las ondas de Radio Genial de Quito (92.5 FM) se realizó un interesantísimo conversatorio bajo el nombre de la ‘Navidad Triste’. Fabián Corral, Manuel Martínez (del Foro de la Niñez), Oswaldo Dávila, entre otros invitados pusieron en la mesa temas como la miseria, mendicidad, la utilización de los pobres y de los indígenas para que vayan a pedir las “navidades” en las grandes ciudades y los desbalances sociales en el Ecuador que se manifiestan con más fuerza en estas fechas.
En El Noticiero de TC, la noche del mismo miércoles, se realizó una nota sobre el mismo tema: los ejércitos de mendigos que salen a la vía a la Costa para estirar sus manos inútilmente a los autos que pasan a altas velocidades. El enfoque, claro, no tenía nada de reflexivo, sino que era una muestra de esa mezcla de morbosa piedad que hay en los “dramas humanos” cuando se convierten en shows televisivos. Se entrevistaba a un anciano que pedía “alguna cosita” que comer porque a su edad ya no conseguía trabajo y a unos niños que pedían muñecas o dulces.
La nota de TC describía lo que se ve desde la ventanilla del auto. No intentaba responder ninguna pregunta; ¿De dónde vienen estas personas? ¿Qué hacen el resto del año? ¿Logran sacar algo con el gesto de estirar las manos a unos autos que pasan a gran velocidad? Quizás, si el reportero tenía algo más de tiempo para buscar más allá de los bordes de la carretera, hubiera podido decir si existe o no manipulación de estos mendigos navideños...
En Teleamazonas, el jueves, dentro de un menú de notas llenas de espíritu navideño, se emitió una sobre la labor social de las reinas de Riobamba. Según la información el proyecto consiste en “hospedar” en el interior de la Brigada Blindada Galápagos a los niños que bajan en esta temporada desde las comunidades indígenas aledañas a la ciudad andina. Se dijo que la idea era evitar que se repitiera la tragedia del año pasado, cuando cuatro niños indígenas murieron en el interior de un gran basurero al no poder dormir dentro de un refugio urbano.
La época está poblada de estas escenas. Verdaderos ejércitos de mendigos se instalan en las calles y en las carreteras. Muchas veces instalan precarios “peajes” con cuerdas para pedir caridad. La práctica, muchas veces, se extiende todo el año. Lo extraño es que en la TV esa realidad no se ve. La Navidad son los intercambios de regalos, los actos de caridad, los arbolitos con luces, los mensajes de bienaventuranza, las notas sobre pesebres y villancicos, las publicidades de El Cholito, la moto de Paloma, la entrega de regalos de Miss Ecuador y del Intendente de Policía de Quito. Todo eso está bien, pero al mismo tiempo encubre el hecho de que se da la espalda a los rostros más lacerantes de la Navidad.
La caridad y la politiquería
Bernardo Abad en su noticiero de la comunidad por Teleamazonas es un verdadero abanderado de la caridad navideña. Una familia a la que se le quemó su casa, la familia Falcón, los pacientes del hospital psiquiátrico San Lázaro, 60 niños del barrio popular de Pisulí (noroccidente de Quito). Todos ellos son algunos de los beneficiados por la generosidad de los televidentes de Teleamazonas.
Juguetes, ropa usada (en buen estado, se aclara), quintales de arroz, de azúcar, aceite, se entregan bajo el principio del “espíritu navideño”. Gracias al Gobierno, dice una moradora de Pisulí. En el estudio Bernardo Abad se indigna y responde: “esto no es obra del Gobierno. Esto no tiene nada que ver con la política. Los sinvergüenzas del Gobierno ofrecen pero nunca cumplen. Esto es producto de la solidaridad de la gente”. “Aquí no hay politiquería”, dice más adelante, sin sospechar que ya esa postura es hacer política y muy probablemente -como toda pose- es politiquería.
Es imposible no conmoverse con las muestras de solidaridad y desprendimiento de la gente común y corriente. Tampoco se puede dejar de admirar el espíritu navideño que envuelve a la televisión y que saben canalizar muy bien presentadores y reporteros como Abad, Gisella Bayona o Valeria Gavilánez. Sin embargo, los ejércitos de pobres siguen ahí en las calles y carreteras. Nadie en la TV quiere mirarlos y explicarlos. Entonces, pienso, ¿qué pasaría con la caridad navideña en el momento en que se conozca y se entienda la pobreza?